barrio de Nueva España

Nueva España

Nueva España era el nombre del virreinato que, desde el siglo XVI, gobernaba México y gran parte del continente americano. Cuando hacia 1948 Madrid reordenó los barrios del norte y les puso nombres nuevos, a este le tocó el del viejo virreinato. La dedicatoria americana explica el callejero que vino después: una hilera entera de países y ciudades del otro lado del Atlántico.

Antes de las casas, esto era campo de Chamartín de la Rosa, el pueblo que se extendía al norte de Madrid con sus huertas, sus olivares y sus caminos de tierra. Por aquí pasaba la ruta hacia el caserío de Maudes, y de ese rastro de tierra blanda quedó el nombre de la calle Arenal de Maudes. Sobre estos terrenos hubo también una quinta del financiero francés Louis Guilhou, recordada hoy en la calle de María Guilhou, su hija y última dueña. Cuando se urbanizó, ya en los años cincuenta y sesenta, vino a vivir gente acomodada a una zona tranquila y residencial, con embajadas entre los chalets. El nombre del virreinato marcó el callejero. Hay un bloque entero de repúblicas americanas: Bolivia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Paraguay, las plazas del Perú y de la República Dominicana, el Paraguay, y nombres devotos traídos de allá, como Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina. Y los hombres que tendieron el puente: Fray Bernardino de Sahagún, el franciscano que documentó en náhuatl la cultura de México; el Torpedero Tucumán, el buque argentino que sacó por mar a mil refugiados de la guerra; la plaza del Presidente Cárdenas, el mexicano que acogió a los exiliados republicanos. Junto a ellos, los países de la órbita hispana del otro océano: Filipinas, territorio español hasta 1898. El otro hilo es vegetal, como si el campo que hubo no se rindiera del todo: la calle de las Encinas, los Cipreses, el Abedul, el Palmito; flores como las Lilas, las Hortensias, las Campánulas, las Azulinas, la Madreselva, y plantas raras como la Drácena o la Saxífraga, cuyo nombre latino significa «rompepiedras». En la calle de Menéndez Pidal, el filólogo se construyó la casa hacia 1922, cuando esto era todavía la Cuesta del Zarzal, un camino de las afueras rodeado de olivos, y vivió en ella hasta morir. El virreinato cabía en el mundo entero; aquí cabe en unas pocas calles de chalets, entre encinas que recuerdan el campo que las precedió.

Calles

Todas las calles del barrio de Nueva España.