Calle de Henri Dunant

Nueva España

Recuerda a Henri Dunant, el ginebrino que tras el horror de Solferino impulsó la fundación de la Cruz Roja y recibió el primer Premio Nobel de la Paz.

El nombre rinde homenaje a Jean-Henri Dunant (Ginebra, 1828–1910), el hombre que convirtió el espanto de un campo de batalla en una institución que aún hoy socorre a los heridos. En junio de 1859 viajaba para entrevistarse con Napoleón III y, casi por azar, llegó a Solferino al caer la tarde de la batalla. Lo que vio lo marcó para siempre: miles de soldados heridos abandonados entre los muertos, sin agua ni cuidado. Dunant improvisó socorro con la ayuda de las mujeres del pueblo, que atendían a unos y a otros sin preguntar bando bajo un lema que él hizo suyo: tutti fratelli, todos hermanos. De vuelta en Ginebra escribió Un recuerdo de Solferino, un relato que proponía algo nuevo: cuerpos de voluntarios neutrales para auxiliar a los heridos en la guerra. De esa idea nació en 1863 el Comité Internacional de la Cruz Roja, y al año siguiente el primer Convenio de Ginebra. En 1901 recibió, junto a Frédéric Passy, el primer Premio Nobel de la Paz que se concedió. La causa lo arruinó. Pasó sus últimos años casi olvidado, recluido en un asilo de un pueblo suizo, mientras la cruz roja sobre fondo blanco —⁠la bandera suiza con los colores invertidos⁠— recorría el mundo.
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