Calle de las Encinas
Toma su nombre de la encina, dentro de un grupo de calles de Nueva España bautizadas con especies vegetales.
La encina da nombre a esta calle del barrio de Nueva España, en Chamartín, levantado sobre las antiguas afueras del pueblo de Chamartín de la Rosa que Madrid absorbió a mediados del siglo XX. Cuando se trazaron sus manzanas residenciales, el callejero echó mano de un repertorio botánico: a pocos pasos discurren las calles del Abedul, de los Cipreses, de la Madreselva, de las Lilas, de las Azulinas y de la Saxífraga. La calle de las Encinas pertenece a esa familia verde, y comparte con sus vecinas la vocación de barrio arbolado y tranquilo.
La encina (Quercus ilex) es el árbol que mejor resume el paisaje seco de la meseta. Su nombre viene del latín vulgar ilicina, derivado de ilex, que designaba a estos robles de hoja perenne. De ilicina salió la forma temprana lecina, todavía viva en aragonés; sobre ella se propagó la nasal y más tarde se desprendió la l- inicial, tomada por error como artículo, hasta cuajar en encina. Es un árbol de crecimiento lento y vida larga, de copa ancha y bellota dulce, alimento de cerdos y, en tiempos de hambre, también de personas.
No se ha conservado constancia de un motivo particular que ligara esta calle a la encina más allá del criterio temático del conjunto. El árbol que la bautizó resiste sequías que doblegan a especies más vistosas, entre el ladrillo de Nueva España.