barrio de Valdeacederas

Valdeacederas

El nombre junta dos piezas viejas del castellano: val, forma corta de valle, y la acedera, planta de sabor ácido que crecía a sus anchas en esta hondonada. Ya a finales del XIX se vendían solares en el «carril de Valdeacederas», y el Ayuntamiento lo tiene registrado desde 1902. No hay misterio ni leyenda detrás: el sitio se llamó por lo que daba la tierra.

Antes de las casas, esto era una vaguada de huertas y tierras de labor por la que bajaban arroyos hacia el sur. Lo recuerdan la Alfalfa, la Veza y las Almortas —⁠la alfalfa que se segaba para el ganado, la veza de forraje, la almorta cuya harina alimentó a media España hasta que la prohibieron por tóxica⁠—⁠, y también el Arroyo, la Ladera y el Camino del Chorrillo, por el reguero de agua que cubrió luego el parque. Cuando el valle se llenó de casas, vino gente humilde: el caserío se ordenaba en torno a Pinos Alta y Pinos Baja, esta última heredera de la antigua Barriada de los Pinos, núcleo de chabolas del viejo Chamartín de la Rosa. Como el barrio se urbanizó a base de pequeñas parcelas, muchas calles llevan el nombre de quien cedió el terreno: Francisca Calonge, Francisca Conde, Isabel Serrano, Esperanza Sánchez Carrascosa —⁠de la familia Carrascosa, dueña de buena parte del valle⁠—⁠, o Dolores Bejarano y Andrea Puech, recordadas como las primeras vecinas de sus calles. De casi todas no ha quedado más que el nombre en la placa. Junto a ellas, la herencia de Tetuán: Ceuta, la Sierra Bullones que separa la ciudad de Marruecos, y los Voluntarios Catalanes que combatieron en la Guerra de África de 1859, la campaña que tomó Tetuán y dio nombre al distrito entero. El franquismo dejó su marca borrando lo viejo: la calle de Valdeacederas pasó a llamarse Capitán Blanco Argibay, por un militar sublevado de Chamartín muerto en el Ebro. Más arriba, alguien quiso convertir el valle de las acederas en un jardín de papel: páginas enteras del callejero son flores y plantas. La Salvia, las Azucenas, las Gardenias, el Loto, el Crisantemo —⁠«flor de oro» en griego⁠—⁠, el Acónito de capucha azul, el más venenoso de Europa, y la Miosotis o nomeolvides, cuyo nombre griego significa «oreja de ratón». Donde antes se comía la acedera amarga del campo, hoy las esquinas anuncian gardenias que aquí no han crecido nunca.

Calles

Todas las calles del barrio de Valdeacederas.