Calle del Acónito
El acónito, planta de montaña de flores azules en forma de capucha y la más venenosa de Europa, en el callejero botánico de Valdeacederas.
El acónito da flores azul violáceo con forma de capucha o yelmo, que crecen entre rocas en la alta montaña europea. Esa belleza esconde uno de los venenos vegetales más potentes que se conocen: la aconitina, capaz de detener un corazón en dosis minúsculas y de filtrarse incluso por la piel. De ahí el otro nombre de la planta, anapelo o matalobos, porque con su raíz se preparaban cebos para acabar con las alimañas.
La calle del Acónito pertenece al ramillete de vías que en Valdeacederas llevan nombre de planta o de flor —Genciana, Miosotis y otras cercanas—, una costumbre que pobló el callejero de Madrid de botánica cuando hubo que rebautizar tantas calles repetidas tras absorber los pueblos del extrarradio a mediados del siglo XX. No se ha conservado constancia de por qué se eligió precisamente esta flor, más allá del criterio temático del barrio.
Los griegos consagraron el acónito a Hécate, diosa de la magia y del inframundo, y contaban que la hechicera Medea lo empleaba en sus venenos. Una leyenda más oscura aún explicaba su origen: el acónito habría brotado de la baba de Cerbero, el perro de tres cabezas, cuando Heracles lo arrastró fuera del Hades y la espuma del monstruo cayó sobre la tierra.