Calle de Benjamín
Lleva un nombre de pila de raíz bíblica, el del menor de los hijos de Jacob, sin que se haya conservado constancia de a qué Benjamín concreto recuerda la calle.
El nombre es transparente y a la vez mudo. Benjamín es lo que aparenta: un nombre de pila de raíz bíblica, el del hijo menor de Jacob y Raquel, el último de los doce patriarcas, aquel a quien su madre llamó al morir Benoní, «hijo de mi dolor», y a quien el padre rebautizó Benjamín, «hijo de la mano derecha». De ahí viene también el uso común de la palabra para el más pequeño de una familia.
Lo que no ha quedado escrito es por qué este rincón de Valdeacederas eligió ese nombre. Benjamín pertenece a una rareza del callejero madrileño: las calles sin apellido, con solo nombre de pila, apenas una cuarentena en toda la ciudad y casi todas en antiguos pueblos anexionados y barrios de urbanización informal como Tetuán. Surgieron cuando estas tierras de las afueras se loteaban y se abrían viales casi a mano. Unas honraban al propietario del terreno; otras, a un primer vecino. En muchos casos la identidad no llegó a registrarse, y el nombre quedó como un gesto de afecto sin destinatario seguro.
Para quien lo lee hoy en la placa, Benjamín no remite a nadie en particular: un nombre que cruza con Miosotis, junto a una casa de ladrillo neomudéjar de comienzos del siglo XX, en un barrio que mezcla nombres de flores y nombres de personas de las que ya casi nadie guarda memoria.