Calle de las Cuevas

Valdeacederas

Una vía descriptiva del viejo Tetuán que recuerda las cuevas excavadas en el terreno arenoso de Valdeacederas, aunque no se ha conservado constancia del porqué exacto de su nombre.

El nombre llama a un Madrid que ya casi no existe: el de los terraplenes y barrancos del norte, donde la tierra blanda permitía abrir oquedades a golpe de azada. La calle de las Cuevas corta el entramado de Valdeacederas cerca de la calle de la Hierbabuena, en un barrio que creció a saltos, sin plano previo, sobre los descampados que rodeaban el viejo Tetuán de las Victorias. No ha quedado constancia documental del porqué del nombre, pero el topónimo es transparente: aquí hubo cuevas. En el suelo arenoso de esta franja se abrieron viviendas excavadas, las casas-cueva en que malvivía la población más pobre cuando el barrio era frontera entre el campo y la ciudad, antes de que las chabolas y los bloques de pisos taparan cualquier huella de aquellos refugios. Valdeacederas debe su propio nombre a la naturaleza: el «valle de las acederas», por la hierba ácida que brotaba en estos terrenos. Hoy el visitante recorre una calle corta y residencial, sin rastro de las galerías de tierra que un día se hundían bajo sus pies.
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