Calle del Loto
Lleva el nombre de la flor del loto, dentro del repertorio botánico que bautiza buena parte de las calles de Valdeacederas.
El loto es una flor acuática que abre sus pétalos sobre estanques y aguas remansadas. La palabra viene del griego lōtós, que los antiguos aplicaron a varias plantas distintas antes de fijarse en el nenúfar de grandes hojas flotantes. En Egipto adornaba templos y tumbas; en la India y el sudeste asiático se convirtió en emblema de pureza, porque emerge limpia del fango. A Madrid llegó como nombre de calle, no como planta: aquí nunca hubo estanques de lotos, sino el deseo de poblar el callejero de un barrio con un jardín imaginario.
Loto pertenece al nutrido grupo botánico que ordena las calles de Valdeacederas y de la vecina Almenara. A pocos pasos discurren la Genciana, el Crisantemo, las Azucenas, el Acónito o el Agave, un herbario callejero tendido sobre las cuestas del barrio. Muchos de estos nombres se asignaron a mediados del siglo XX, cuando la absorción de Chamartín de la Rosa y otros pueblos periféricos obligó a rebautizar calles para deshacer las duplicidades de un Madrid recién agrandado.
No se ha conservado constancia de por qué se eligió precisamente el loto para esta calle corta. El nombre obedece a la lógica del conjunto más que a una historia propia: una flor más en el ramillete que se repartió por las laderas de Tetuán, donde antes hubo huertas regadas por arroyos.