Plaza del Calicanto
El nombre alude al calicanto, la fábrica de cal y canto con que se levantaban muros de mampostería, aunque el motivo de su elección en este rincón de Tetuán no está documentado.
Calicanto viene de cal y canto: la cal que aglomera y el canto, la piedra suelta del río o del campo. Con esa mezcla se levantaron muros durante siglos, desde fortificaciones antiguas hasta las tapias de huerta que rodeaban Madrid. Un muro de calicanto era sinónimo de cosa sólida, hecha para durar; de ahí la expresión «a cal y canto», que aún sirve para algo cerrado a conciencia.
La palabra tiene un segundo cuerpo. También nombra un arbusto ornamental, el calicanto o Calycanthus, de flores rojizas y aromáticas que asoman entre la primavera y el comienzo del verano. Cuál de los dos sentidos pesó al bautizar esta plaza no está documentado.
La Plaza del Calicanto queda en Valdeacederas, un barrio que creció en la cuesta que bajaba de la antigua carretera de Francia hacia los arroyos del fondo, donde se asentaron inmigrantes que trabajaban las huertas junto al agua. El propio nombre de Valdeacederas recuerda a las acederas, esas hierbas ácidas que brotaban en el vallejo. Hoy la plaza es uno de los espacios más tradicionales del barrio, un respiro de jardineras y bancos entre las calles que trepan hacia el norte de la ciudad.