Calle de Jaramagos
Toma su nombre del jaramago, planta silvestre de flores amarillas que brota entre escombros y solares.
El jaramago es una de esas hierbas que nadie planta y aparecen igual: tallo ramoso, hojas arrugadas, espigas de flores amarillas que asoman entre los escombros de los solares y al pie de las tapias. La palabra llegó al castellano desde el árabe sarmaq y con los siglos pasó a nombrar varias plantas silvestres de flor amarilla y poco aprecio en la mesa.
El nombre encaja con el paisaje del Tetuán de antaño. Valdeacederas y los barrios vecinos crecieron al margen de Madrid, sobre terrenos rústicos donde el jaramago era vegetación común. La mayoría de estas vías de nombre vegetal —Margaritas, Cantueso, Miosotis— entraron en el callejero a mediados del siglo XX, cuando la ciudad absorbió los pueblos de la periferia y una tanda de flores y hierbas deshizo el atasco de nombres repetidos.
La planta sigue colándose por las grietas del asfalto cada primavera, sin que nadie la siembre.