Calle de los Guindos
Lleva el nombre del guindo, el cerezo agrio de fruto pequeño y rojo, dentro de un barrio que bautizó sus calles con plantas y árboles.
El guindo da nombre a esta calle: un cerezo de hoja menuda y fruto redondo, más pequeño y agrio que la cereza común. De su rama sale la guinda, esa baya roja y ácida que corona pasteles y aromatiza licores. La palabra llegó al castellano desde el provenzal medieval.
El nombre no cayó aquí por azar botánico aislado. Valdeacederas creció a finales del siglo XIX en la cuenca baja de Tetuán, donde corrían arroyos y se extendían huertas trabajadas por jornaleros que bajaban desde la carretera de Francia. Aquel pasado de regadío dejó huella en el callejero: a poca distancia conviven Crisantemo, Agave, Genciana, Almortas o Cantueso, como si los urbanizadores hubieran querido conservar en los rótulos lo que el ladrillo iba borrando del suelo.
Queda el árbol y su guinda: la baya pequeña y agria que se pone arriba del todo, y que en castellano acabó significando también el remate de cualquier cosa.