Calle del Arroyo

Valdeacederas

Recuerda los arroyos que bajaban por el valle de Valdeacederas, donde se regaban las huertas antes de que el barrio se urbanizara.

Antes de que las casas bajas y los solares poblaran este rincón de Tetuán, por el valle de Valdeacederas corría el agua. El propio topónimo del barrio, «valle de las acederas», señala una vaguada húmeda donde crecía esa hierba de hoja ácida y donde varios arroyos descendían desde la antigua carretera de Francia hacia la hondonada. A su orilla se asentaron jornaleros e inmigrantes que trabajaban las huertas regadas por esas corrientes. La calle del Arroyo conserva la memoria de aquel paisaje de agua. El nombre describe lo que allí hubo, no a una persona ni a un hecho: un cauce, hoy desaparecido bajo el asfalto, como tantos arroyos madrileños que la ciudad fue entubando y olvidando. No se ha conservado constancia de que esta vía recuerde a un arroyo concreto con nombre propio; lo más verosímil es que aluda, sin más, a las aguas que cruzaban el barrio. La cota baja de Valdeacederas tardó en urbanizarse, y durante décadas la zona conservó desmontes y construcción precaria antes de consolidarse como barrio. Quien hoy recorre estos doscientos treinta y siete metros pisa el lecho seco de un agua que dio de beber a las huertas y bautizó la calle.
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