Calle de Miosotis
Lleva el nombre de la miosotis o nomeolvides, la florecilla azul cuyo nombre griego significa «oreja de ratón».
Una flor diminuta y azul presta su nombre a esta vía: la miosotis, esa que casi todo el mundo conoce por su apodo cariñoso, nomeolvides. El término culto viene del griego myosōtís, literalmente «oreja de ratón», por la forma de sus hojas, que recuerdan al pabellón de un roedor. El nombre popular, en cambio, traduce un deseo: que quien la lleva no sea olvidado. La misma idea cuajó en media Europa con fórmulas casi idénticas, del inglés forget-me-not al alemán Vergissmeinnicht.
A la flor se le pegó pronto una leyenda de amor y despedida, y de ahí quedó consagrada como símbolo del recuerdo y la lealtad.
La calle se entiende mejor mirando su vecindario. Este rincón de Valdeacederas se llenó de nombres vegetales —Margaritas, Magnolia, Cantueso, Jaramagos— cuando Madrid absorbió Chamartín de la Rosa y los pueblos de la periferia a mediados del siglo XX y hubo que resolver el lío de tantas calles repetidas. Un jardín de papel, sembrado en el callejero para deshacer duplicados, donde la nomeolvides encontró su esquina.