Plaza de Gilhou

Valdeacederas

Recuerda a Louis Guilhou Rives, financiero e industrial francés que en el siglo XIX compró tierras e instaló fábricas en el vecino Chamartín de la Rosa.

Detrás de este apellido tan poco castellano hay un francés que dejó huella al norte de Madrid. Louis Guilhou Rives, financiero e industrial, se afincó en España en la primera mitad del siglo XIX y empezó a comprar tierras en el cercano Chamartín de la Rosa. Allí montó una tahona y una curtiduría, levantó una quinta con jardines —⁠la Quinta de San Enrique⁠— y reunió tal patrimonio que su residencia acabó conociéndose como el palacio de Gilhou, todavía en pie junto al Paseo de La Habana. La castellanización del apellido lo dejó en Gilhou, con la hache muda que despista a quien lo lee por primera vez. La plaza nace en el ensanche obrero de Valdeacederas, el barrio que vio crecer Tetuán de las Victorias, cuando aquellos arrabales se urbanizaban sobre antiguas huertas y arroyos. El nombre fija aquí la memoria de una familia que prosperó pocos kilómetros más allá, en unos terrenos que hoy son la Madrid acomodada de Nueva España. Es una plaza pequeña, de las que dan más sombra que protagonismo. Bajo sus ligustros del Japón, olmos y algún cedro cabe un banco para sentarse al sol o al reparo. Quien busca esa sombra descansa bajo el apellido de un empresario francés que cambió el paisaje del norte madrileño antes de que existieran estas calles.
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