Calle de Ana María
Lleva un nombre de pila femenino, Ana María, sin que se haya conservado constancia de a qué mujer concreta honra.
El rótulo corresponde al crecimiento de Valdeacederas en la primera mitad del siglo XX, cuando el barrio se levantaba a base de parcelas modestas, casas bajas y calles abiertas casi sobre la marcha. En esa trama de urbanización menuda abundaron los nombres de pila sin apellido, fáciles de recordar y de pintar en una placa, y Ana María entró en el callejero como uno de ellos.
A qué Ana María se refiere no consta. No hay biografía, ni fecha, ni parentesco que permitan ponerle rostro: el nombre no está documentado. Pudo ser una santa popular, una mujer ligada a quienes urbanizaron los terrenos o sencillamente una elección amable para una vía corta de poco más de trescientos metros. Cualquier homenajeada que se le atribuyera sería conjetura.
La calle es de las discretas, en un Valdeacederas cuyo nombre evoca un valle de acederas, la hierba ácida que crecía junto a los arroyos antes de que llegaran las casas.