barrio de Prosperidad

Prosperidad

El nombre suena a deseo —⁠prosperar, ir a más⁠—⁠, y por eso encaja tan bien con un arrabal de gente que se hacía la casa con sus manos. Pero detrás no hay una aspiración, sino una persona: Próspero Soynard, dueño de los terrenos que en diciembre de 1862 empezó a parcelar y vender al otro lado del paseo de Ronda. Los primeros compradores fueron un albañil y un carpintero. De su nombre de pila quedó el del barrio.

Antes de 1862 esto era secano al noreste de Madrid, tierras pardas cruzadas de caminos hacia los pueblos, con algún tejar y algún ventorro junto a la carretera de Hortaleza. Cuando Próspero Soynard empezó a vender parcelas, vino a vivir gente de pocos recursos que se levantaba la casa baja de ladrillo y patio. Una parte de ese barrio primitivo fue la Colonia Ibarrondo, donde los propios vecinos que edificaron sus viviendas ganaron el derecho a bautizar las calles: por eso hay vías con nombres como Julio López, Martín Machío o Francisco Vivancos, de los que muchas veces no queda más que el apellido en el rótulo. Más tarde llegó otro Aroca, el maestro Anastasio Aroca, que fundó por aquí una colonia de casas baratas. Como el barrio creció sin un plan, los nombres de las calles se fueron poniendo a salto de mata, y muchos salieron del mapa: pueblos de la sierra de Madrid y de Guadalajara que el callejero copió sin más. Están Mataelpino, al pie de La Maliciosa; Robregordo, llamado así por los robles gruesos de su término; Horcajuelo, de arquitectura negra de pizarra; Pinilla del Valle y Prádena del Rincón en el alto Lozoya; el lejano Alustante, perdido a mil setecientos metros en el viejo Señorío de Molina. Y picos y peñas de Guadarrama: la Pedriza, terreno de piedra suelta; la Peñota; el monte Abantos sobre El Escorial. A su lado, una tanda de curas: el Padre Claret, tejedor catalán hecho misionero, y su cofundador el Padre Xifré, levantaron aquí la casa de los claretianos, y de ahí también la calle del Corazón de María, la advocación que da nombre a la orden. No todo es geografía y santoral. Una mujer del pueblo, Clara del Rey, murió defendiendo el parque de artillería de Monteleón el 2 de mayo de 1808, y tiene calle y plaza. La María Luisa Suárez Roldán, abogada laboralista y vecina del barrio, abrió uno de los primeros despachos de su oficio en plena dictadura. Y queda la huella del cardenal Silíceo, arzobispo de Toledo y maestro del futuro Felipe II, que nació Juan Martínez Guijarro y se latinizó el apellido: Silíceo, de pedernal, era su «Guijarro» traducido al latín. Un barrio que se llama como un deseo y nunca prosperó del todo, donde el albañil y el carpintero de 1862 pusieron antes la casa que el nombre.

Calles

Todas las calles del barrio de Prosperidad.