Calle Robregordo

Prosperidad

Toma el nombre de Robregordo, pueblo de la Sierra Norte madrileña cuyo nombre evoca los robles de gran grosor que poblaban su término.

En este rincón de Prosperidad, donde tantas calles llevan nombres de pueblos de la región, Robregordo recuerda a una aldea perdida entre los pliegues de Somosierra, casi en la frontera con Segovia. Hoy apenas viven allí unas decenas de vecinos, lo que la convierte en uno de los municipios menos poblados de toda la Comunidad de Madrid. El nombre se lee casi solo. Une robre —⁠la forma antigua de «roble», del latín robur, anterior a que la primera erre se disimilara en ele⁠— con gordo, en el sentido de grueso. Robregordo es, literalmente, el lugar de los robles gruesos: los árboles de tronco poderoso que cubrían su término. La fórmula no es única; el campo español está sembrado de parientes como Fresnogordo o Encinas Gordas, donde el árbol da nombre y la talla, apellido. El pueblo creció pegado al Camino Real que unía las dos Castillas y cruzaba el puerto de Somosierra. Por allí pasaban diligencias, arrieros y mercancías, y la aldea vivía de posadas, mesones y privilegios reales como la exención de impuestos. Cuando, ya en el siglo XIX, una carretera nueva trazó su ruta a unos pasos del viejo camino, los viajeros dejaron de detenerse y Robregordo quedó en silencio. Su iglesia de Santa Catalina, del siglo XVII, aún vigila la calle vacía.
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