Pasaje San Pedro
Evoca a San Pedro, el apóstol pescador a quien la tradición cristiana hizo primer papa, sin que se haya conservado constancia del motivo de su dedicación en Prosperidad.
Apenas sesenta metros de adoquín entre dos hileras de fachadas: el Pasaje San Pedro es de esas vías que se cruzan en pocos pasos y se pasan por alto en los mapas. Su nombre apunta al apóstol Pedro, el pescador de Galilea que la tradición cristiana convirtió en piedra de la Iglesia y primer papa, recordado con sus dos llaves y su martirio en Roma, crucificado boca abajo por no creerse digno de morir como su maestro.
Por qué un atajo de Prosperidad lleva su nombre es otra cuestión, y la respuesta honesta es que no está documentado. El barrio nació en 1862, cuando Próspero Soynard empezó a parcelar y vender suelo de secano; lo levantaron albañiles y carpinteros que alzaron casitas bajas de ladrillo y teja con patio. La nomenclatura de aquellas primeras calles creció sin plan, y en los terrenos colindantes muchas vías acabaron tomando el nombre de quienes habían sido propietarios de aquellas tierras.
Así que el pasaje guarda su pequeño misterio. Quizá algún dueño se llamara Pedro, quizá mediara una devoción de vecindario, quizá fuera la mera costumbre de bautizar callejas con nombres de santos. Lo que sí permanece cabe en una imagen: dos llaves cruzadas, una de oro y otra de plata, sobre una calle que se recorre en medio minuto.