Calle de Toledo

El Rastro·Embajadores

El nombre procede del Camino Real de Andalucía, la calzada medieval que unía Madrid con Toledo, capital del reino castellano hasta 1561. La calle tomó el nombre de su destino: era, literalmente, el camino de Toledo. La misma lógica bautizó la puerta de la muralla por la que salía ese camino, y la calle conservó el topónimo aunque la ciudad creciera hacia el sur y desplazara sucesivamente esa puerta.

La Calle de Toledo empieza en la Plaza Mayor y baja más de un kilómetro hacia el sur, cruzando Embajadores y La Latina, hasta morir en la Glorieta de las Pirámides, a un paso del Manzanares. Antes de que Madrid soñara con ser corte, esta cuesta ya bajaba como simple camino hacia Toledo, y de su destino tomó el nombre. Cada vez que Felipe II y Felipe IV levantaron nuevas cercas, la Puerta de Toledo viajó más al sur, pero la calle conservó el topónimo. Entre los siglos XVI y XVII tomó la cara que aún reconocemos, con el Colegio Imperial de los jesuitas y la Real Colegiata de San Isidro, que acabó custodiando los restos del patrón de Madrid. Mesonero Romanos la llamó la más poblada y animada de la capital, con unas cuatro mil almas entre posadas, mesones y talleres humildes: la puerta sur por donde entraban mercancías, ganado y viajeros. Pedro de Répide la coronó con un apodo que se le quedó pegado, la Gran Vía popular. En el extremo sur aguarda la Puerta de Toledo, arco triunfal neoclásico armado entre 1813 y 1827, cuya dedicatoria fue un vaivén político: nació para José Bonaparte y terminó celebrando a Fernando VII. Galdós adoptó la calle como escenario fijo de su Madrid de papel, y juró que no había ninguna más bonita ni más pintoresca en todo el mundo.
La Puerta de Toledo guarda en sus cimientos la cápsula del tiempo más alterada de Madrid. Cuando José Bonaparte ordenó su construcción en 1813, se enterró un cofre con monedas josefinas y el texto constitucional de Bayona. Al volver Fernando VII, el Ayuntamiento desenterró la cápsula y sustituyó los documentos franceses por la Constitución de 1812 y medallas del rey. Semanas después, el mismo Fernando VII abolió esa constitución y ordenó sacar el texto liberal y meter en su lugar el decreto de abolición. En 1820, el levantamiento de Riego forzó una tercera intervención; en 1823, la restauración absolutista una cuarta. El arco se inauguró en 1827 con una cápsula cuyo contenido exacto los historiadores aún discuten.

Sus nombres

  • Camino de ToledoSiglos XIII-XVI
  • Calle de la MancebíaSiglo XIV (parcial)
  • Calle Baja de ToledoSiglos XVI-XVII
  • Paseo de los Ocho HilosSiglo XVIII-1902
  • Calle de ToledoSiglo XVI-actualidad
Lugares Ciudades y pueblos origen disputado
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