Calle de la Paloma

Barrio de Palacio

El nombre procede de los corrales que las monjas del convento de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares tenían junto a la Puerta de Toledo, donde criaban una paloma. El 1 de febrero de 1627, durante el traslado procesional de la imagen de Nuestra Señora de las Maravillas hacia la iglesia del convento de la calle de la Palma, la paloma alzó el vuelo desde los corrales y acompañó la imagen durante todo el recorrido. Las monjas la reconocieron como propia; el animal no regresó y dio nombre a aquellos corrales, que acabaron llamándose «de la Paloma». La calle que se abrió sobre ese solar heredó el topónimo.

La calle discurre entre las calles de Calatrava y de Toledo, en el barrio de Palacio (distrito Centro), en el corazón del Madrid de los Austrias. Es corta y estrecha, con la iglesia de San Pedro el Real —⁠conocida popularmente como iglesia de la Paloma⁠— presidiendo la plazuela que la cierra por el sur. El solar fue durante siglos propiedad del convento de San Juan de la Penitencia, fundado en Alcalá de Henares por el cardenal Cisneros a principios del siglo XVI para las franciscanas clarisas. Las monjas arrendaban allí unos corrales que usaban como matadero y en los que mantenían un palomar doméstico. Fue la paloma que habitó esos corrales la que, según la tradición recogida por Mesonero Romanos y después por Pedro de Répide, acompañó en vuelo la imagen de la Virgen de las Maravillas el 1 de febrero de 1627, cuando la cofradía la trasladaba desde el barrio de Atocha hasta el convento de San Antón en la calle de la Palma. El animal nunca volvió al palomar. Los corrales que había dejado empezaron a llamarse «de la Paloma» y la calle que se fue abriendo sobre ellos adoptó la misma denominación. La calle ya aparecía nombrada antes de que ocurriera el episodio decisivo de la Virgen de la Paloma. En 1565 consta como «calle de la Soledad» o «calle de la Virgen de la Soledad», referencia al culto a Nuestra Señora de la Soledad que se practicaba en la zona, vinculado a la iglesia de San Pedro el Real. El nombre popular «de la Paloma» fue ganando terreno a lo largo del siglo XVII hasta imponerse definitivamente. En 1787, unos niños encontraron en el solar contiguo un lienzo deteriorado de Nuestra Señora de la Soledad y lo arrastraban como juguete. Isabel Tintero, vecina de la calle, casada con el cochero Diego Charco, lo adquirió por unos cuartos, lo restauró y lo colocó en un retablo en el portal de su casa en marzo de ese año. El fervor popular creció con rapidez: los vecinos rezaban el rosario cada noche ante la imagen y llenaban la calle de faroles sufragados, según el expediente de 1791, «a expensas de personas de primera clase». El documento lo redactó el corregidor José Antonio de Armona y Murga, marqués de Casa García Postigo, que en ese año de 1791 describió el estado de la devoción y tramitó ante el arzobispado de Toledo la autorización para construir una capilla. María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, se hizo devota de la imagen y llevó al infante Fernando a recibir su bendición, lo que consolidó el patronazgo real. La capilla primitiva, diseñada por Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, se concluyó en 1795 con apoyo de la Casa Real. Isabel Tintero murió en 1813, durante la guerra de la Independencia, después de haber ocultado el lienzo y los ornamentos para protegerlos de la tropa napoleónica. En 1891 la parroquia de San Pedro el Real, que estaba en la calle del Nuncio, se trasladó a la capilla ampliada, que pasó a llamarse oficialmente «parroquia de San Pedro el Real», aunque el pueblo siempre la siguió llamando iglesia de la Paloma. Entre 1896 y 1912 se levantó el edificio actual, obra del arquitecto Lorenzo Álvarez Capra, en estilo neomudéjar con elementos neogóticos; Alfonso XIII y Victoria Eugenia asistieron a su inauguración el 23 de marzo de 1912. Diego de Torres Villarroel vivió en esta calle durante uno de sus periodos de pobreza madrileña, según refiere en su autobiografía. La calle cobró proyección nacional el 17 de febrero de 1894, cuando se estrenó en el Teatro Apolo el sainete lírico La verbena de la Paloma, con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón. La obra retrató el barrio, sus gentes —⁠chulapos, boticarios, aguadores, serenos⁠— y la festividad del 15 de agosto. Bretón compuso la partitura en diecinueve días; la obra se convirtió en la pieza más representada del género chico y en uno de los documentos etnográficos más precisos del Madrid popular de la Restauración. La verbena de la Paloma, celebrada cada 15 de agosto, es hoy fiesta mayor del barrio.
El 17 de febrero de 1894 se estrenó en el Teatro Apolo La verbena de la Paloma, sainete lírico de Ricardo de la Vega y Tomás Bretón. El músico Ruperto Chapí había rechazado el libreto; Bretón lo tomó con los ensayos ya en marcha y escribió la partitura entera en diecinueve días. La obra, que transcurre en la noche del 14 de agosto y retrata el vecindario de esta calle, fue el mayor éxito del género chico y la convirtió en uno de los documentos teatrales más citados del costumbrismo madrileño.

Sus nombres

  • Calle de la Soledad / Calle de la Virgen de la Soledaddocumentado desde 1565
  • Corrales de la Palomadesde 1627
  • Calle de la Paloma / Calle de la Virgen de la Palomasiglo XVII en adelante
  • Calle de la Palomanombre oficial vigente
Naturaleza Animales origen disputado
Ver fuentes (10)