Plaza de la Virgen de la Paloma

Barrio de Palacio

La plaza toma el nombre de la Virgen de la Paloma, advocación popular de Nuestra Señora de la Soledad que desde 1787 se venera en este barrio de la Latina. El apelativo «de la Paloma» deriva a su vez del nombre de la calle donde la imagen fue colocada, cuyo origen remite a un corralón del siglo XVII propiedad de las monjas de San Juan de la Penitencia, en cuyo palomar criaban la paloma que —⁠según Pedro de Répide y Mesonero Romanos⁠— acompañó en vuelo la procesión de la Virgen de las Maravillas el 1 de febrero de 1627. La plaza como espacio diferenciado es el resultado de la urbanización de la ladera en la segunda mitad del siglo XX, al ensancharse el frente de la iglesia.

La calle de la Paloma figura documentada desde 1565 con el nombre de Calle de la Virgen de la Soledad. El topónimo remitía a una pequeña imagen mariana del siglo XVI vinculada al convento de San Pedro el Real. Hacia 1627, según la tradición recogida por Mesonero Romanos en El antiguo Madrid y amplificada por Pedro de Répide en Las calles de Madrid, una paloma criada en el palomar de las monjas de San Juan de la Penitencia de Alcalá de Henares —⁠cuyo corralón ocupaba este tramo⁠— salió volando el día en que se trasladó la imagen de la Virgen de las Maravillas a la iglesia de San Justo y San Pastor, en la cercana Calle de la Palma. El ave no regresó al palomar y el corralón quedó bautizado popularmente como «de la paloma»; de ahí pasó el nombre a la calle entera. El punto de inflexión llegó en 1787. Un grupo de niños encontró en un solar próximo a la Puerta de Toledo un lienzo deteriorado de Nuestra Señora de la Soledad. Andrea Isabel Tintero de Reyes, portera de una corrala de la calle y esposa del cochero Diego Charco, adquirió el cuadro de los niños por unos pocos cuartos, lo hizo restaurar y lo instaló en un retablo improvisado en el portal de su casa, con un farolillo encendido. La devoción vecinal creció con rapidez; en 1791 el alcalde José Antonio de Armona y Murga redactó un expediente oficial describiendo el estado de la capilla doméstica, con «varios faroles y lámpara a expensas de personas de primera clase» y el Rosario rezado en público cada noche. Ese mismo año Isabel Tintero solicitó licencia para construir una capilla formal, concedida por el arzobispado de Toledo. Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, proyectó la capilla, terminada en 1795. El traslado solemne del lienzo desde la parroquia de San Andrés tuvo lugar el 9 de octubre de 1796. Durante la ocupación francesa (1808-1813) Isabel Tintero mantuvo oculta la imagen; murió el 30 de octubre de 1813 y fue enterrada en la propia capilla. La advocación había desplazado ya en uso popular el nombre oficial de «Virgen de la Soledad» por el de «Virgen de la Paloma», denominación tomada de la calle y no de ningún atributo iconográfico. El mismo proceso de sustitución afectó al edificio: la Iglesia de San Pedro el Real, cuya sede parroquial se trasladó aquí en 1891, es conocida universalmente como Iglesia de la Paloma. La capilla de 1795 resultó pronto insuficiente. Entre 1896 y 1912 el arquitecto Lorenzo Álvarez Capra construyó el templo actual, inaugurado el 23 de marzo de 1912 con asistencia de Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. El edificio combina ladrillo rojo de tradición neomudéjar con una planta de cruz latina y elementos neogóticos en el interior. La plaza que hoy abre frente a la fachada principal —⁠en la confluencia con la calle Isabel Tintero, rotulada así por el Ayuntamiento en 1990⁠— resultó del derribo y remodelación de la ladera entre la calle Toledo y la Gran Vía de San Francisco, obra consumada en la segunda mitad del siglo XX. Antes de esa intervención no existía el espacio abierto; la calle de la Paloma discurría de Calatrava a la Ventosa sin ensanchamiento alguno frente a la iglesia. La plaza es hoy el epicentro de las fiestas de la Paloma, celebradas en torno al 15 de agosto desde mediados del siglo XIX. Pedro de Répide calificó la verbena, en sus crónicas de los años veinte, como una de las grandes expresiones del Madrid castizo. La zarzuela La verbena de la Paloma, con libreto de Ricardo de la Vega y música de Tomás Bretón, estrenada en el Teatro Apolo el 17 de febrero de 1894, inmortalizó el ambiente de estas noches de agosto en un sainete que desde entonces es inseparable del nombre del barrio.
El 9 de octubre de 1796, al trasladar el lienzo desde San Andrés a la nueva capilla, la reina María Luisa de Parma llevó consigo al infante Fernando, enfermo de escorbuto desde niño. Atribuyendo su mejoría a la intercesión de la imagen, la reina se convirtió en devotas pública de la Virgen de la Paloma, lo que disparó su fama en toda la ciudad y en la corte. El hecho aparece recogido en diversas fuentes del siglo XIX, aunque la datación exacta de la visita varía según los autores entre finales de la década de 1790 y los primeros años del XIX.

Sus nombres

  • Calle de la Virgen de la Soledad1565 – siglo XVII
  • Calle de la Palomasiglo XVII – actualidad (tramo de calle)
  • Sin plaza diferenciada (calle continua Calatrava–Ventosa)hasta segunda mitad del siglo XX
  • Plaza de la Virgen de la Palomasegunda mitad del siglo XX – actualidad
Religión y devoción Virgenes y advocaciones origen disputado
Ver fuentes (12)