Calle de la Arganzuela

Barrio de Embajadores

El nombre deriva de la Dehesa de Arganzuela, franja de pastos a orillas del Manzanares que Madrid poseyó desde 1492 por concesión de los Reyes Católicos. La hipótesis etimológica más sólida hace del topónimo una deformación popular de «Arganduela» —⁠«Arganda pequeña»⁠—⁠, en alusión a colonos procedentes de Arganda del Rey que se asentaron en aquella dehesa. La leyenda de Sanchica la Daganzuela, difundida desde al menos 1836 por Antonio Capmany y recogida después por Ángel Fernández de los Ríos y por Pedro de Répide, es una explicación popular sin sustento documental directo.

La calle baja desde Calle de Toledo hasta la plaza del Campillo del Mundo Nuevo, al borde de la Ronda de Toledo, en el extremo sur del barrio de Embajadores. Su trazado y su nombre ya figuran en el plano de Pedro Texeira (1656), lo que confirma que el topónimo estaba fijado antes de mediados del siglo XVII. En sus distintos tramos y épocas acumuló tres nombres: Calle de la Encrucijada, Calle de la Mancebía —⁠por la casa de mujeres enamoradas que funcionó entre esta vía y la Calle de Toledo hasta 1623, con un alguacil de la Corte de inspector⁠— y finalmente Calle de la Arganzuela, que terminó siendo el definitivo. Mesonero Romanos, en El antiguo Madrid (1861), retrató la vía con poca indulgencia: ninguna iglesia, ningún edificio público ni principal, y a lo largo de sus dos aceras «después de una posada una taberna, luego una barbería, más allá un albardero junto a un herrador, y enfrente un bodegón o una espartería». Era, en suma, una calle de tránsito y oficio menor, nexo entre el casco histórico y el Matadero municipal. A la izquierda, al fondo, se situaba la Casa Matadero; a la derecha, un edificio municipal de pabellones que quedó sin terminar. Una institución de cierto relieve ocupó la calle desde 1598: el asilo de San Lorenzo, fundado por Pedro Cuenca, que recogía pobres sin techo en las rondas nocturnas y les ofrecía pan y cobijo. La presencia más visible en la plazuela de su arranque es La Fuentecilla, monumento a Fernando VII encargado en 1814 por el corregidor Conde de Moctezuma al arquitecto de la Casa Real Alfonso Rodríguez. La fuente se ensambló con piezas de procedencias diversas: el cuerpo central venía de la desaparecida Fuente de la Abundancia —⁠atribuida a Juan Gómez de Mora, que estuvo en La Latina⁠—⁠; el león procede de un grupo escultórico de un convento demolido durante la ocupación francesa; el oso y el grifo remiten al antiguo escudo de Madrid. Mesonero Romanos la llamó «desdichada fuente» y añadió que nadie osaría llamarla monumento «sino como monumento fúnebre del buen gusto». La fuente sustituía a un pequeño pilón previo documentado ya en el siglo XVII por Jerónimo de Quintana, y llegó a sostener el trabajo de once aguadores. La azuleja cerámica de la calle, obra del ceramista Ruiz de Luna, representa a Sanchica con lino blanco y túnica oscura —⁠atuendo que alude a su supuesta vinculación a la Tercera Orden de San Francisco⁠—⁠, fijando en la calle la versión legendaria del nombre aunque los historiadores la rechacen como etimología.
La azuleja cerámica colocada por el Ayuntamiento en la calle reproduce la leyenda de Sanchica la Daganzuela como si fuera el origen probado del topónimo. Varios historiadores —⁠entre ellos los autores del blog Caminando por Madrid y María Isabel Gea en Los nombres de las calles de Madrid⁠— han señalado que esa explicación es una invención de Antonio Capmany (1836) sin respaldo documental, perpetuada luego por Répide. La placa oficial certifica, de paso, el error.

Sus nombres

  • Calle de la EncrucijadaAnterior al siglo XVII
  • Calle de la MancebíaSiglos XVI-XVII (hasta c. 1623)
  • Calle de la ArganzuelaDocumentado en el plano de Texeira, 1656; probablemente anterior
Lugares Dehesas y pagos históricos origen disputado
Ver fuentes (8)