Calle de la Colegiata

Barrio de Embajadores

El nombre actual procede de la Real Colegiata de San Isidro (calle de Toledo, 37), cuya fachada lateral da a esta calle durante unos setenta metros. El templo fue iglesia del Colegio Imperial jesuita desde 1651; tras la expulsión de la Compañía en 1767, Carlos III lo reconvirtió en colegiata bajo la advocación del patrón de Madrid y trasladó al mismo los restos incorruptos del santo desde la iglesia de San Andrés. El Ayuntamiento adoptó la denominación «Calle de la Colegiata» en 1848, sustituyendo al efímero «Padilla» de la década anterior.

La calle va de la plaza de Tirso de Molina a la calle de Toledo, en dirección este-oeste, dentro del barrio de Embajadores. Mide algo menos de 200 metros y su trazado figura ya en el plano de Texeira (1656) con el nombre «Calle de la Compañía», referido al Colegio Imperial de los jesuitas, cuyas puertas accesorias daban a ella. Mesonero Romanos, en El Antiguo Madrid, confirmó este primer nombre documentado y explicó que la expulsión de la orden en 1767 dejó la vía sin su referente fundacional, momento en que comenzó a circular el nombre «San Isidro», tomado del templo recién convertido en colegiata. El plano de Espinosa (1769) la recoge sin embargo como «Calle de La Merced», por el convento mercedario que ocupaba el extremo norte de lo que hoy es la plaza de Tirso de Molina; Tomás López, en su plano de 1846, ya la nombra «del Burro». El apelativo del Burro fue el más arraigado en la memoria popular, aunque nunca tuvo rango oficial. Pedro de Répide, en Las calles de Madrid, ofreció la explicación más pintoresca: en el corralón situado a espaldas del convento de la Concepción Jerónima, donde se encerraban burras de leche y se almacenaban maderas junto a montones de estiércol, alguien colocó un espantapájaros construido con la piel rellena de paja de un asno muerto. La imagen acabó dando nombre a la calle entera. Isabel Gea, siguiendo a Répide, recoge también una versión alternativa: un azulejo en la pared del convento anunciaba la venta de leche de burra, y la gente, sin afinar en la especie, redujo el letrero a «del Burro». Ninguna de las dos versiones tiene confirmación documental directa; la segunda es más verosímil por ser práctica comercial habitual en el Madrid del siglo XIX. A principios de la década de 1840 el Ayuntamiento intentó dignificar la calle con el nombre «Padilla», en homenaje al comunero ajusticiado en Villalar (1521), dentro de la corriente liberal que entonces rebautizaba calles madrileñas con referentes históricos. El nombre no cuajó y en 1848 se impuso el definitivo «Colegiata», que describía el edificio más visible de la vía. El callejero de Fernández de los Ríos (1876) la registró también como «Béjar», pero ese nombre nunca llegó a usarse. El tramo más activo del siglo XIX fue el número 3, donde en 1873 se inauguró el Teatro Romea, diseñado por el arquitecto Francisco Verea y descrito por el propio Fernández de los Ríos como «pequeño, bien adornado, pero exageradamente estrecho». El 3 de abril de 1876 un incendio lo destruyó por completo pese a contar con claraboyas de ventilación y bocas de extinción bajo el escenario. En 1881 se levantó en el mismo solar el Teatro Tívoli. En el siglo XX la calle adquirió un perfil periodístico singular: el Heraldo de Madrid ocupó el número 7 desde 1892 hasta 1939, año en que el periódico cerró al terminar la guerra civil; El Debate, de orientación católica, estuvo en la misma calle entre 1910 y 1936. La proximidad de ambas redacciones a la Puerta del Sol y al barrio más popular de Madrid hizo de la Colegiata un eje de la prensa liberal y conservadora al mismo tiempo. Benito Pérez Galdós situó en este entorno escenas de Misericordia —⁠la casa del personaje Frasquito Ponte, en la esquina con Toledo⁠— y de la tercera parte de Fortunata y Jacinta, convirtiendo la calle en geografía de la novela social madrileña.
El 3 de abril de 1876, el Teatro Romea (número 3) ardió en pocas horas. El arquitecto Francisco Verea había dotado el edificio de un sistema de extinción con bocas bajo el escenario y claraboyas de ventilación cilíndricas en la cubierta. Nada bastó: la estructura, descrita por el cronista Fernández de los Ríos como «exageradamente estrecha en todas sus dependencias», quedó arrasada. Peñasco y Cambronero, que publicaron su obra en 1889, lo encontraron ya desaparecido; en su solar se había levantado en 1881 el Teatro Tívoli.

Sus nombres

  • Calle de la Compañíaanterior a 1656 – c. 1767
  • Calle de San Isidroc. 1767 – s. XIX (uso alternativo)
  • Calle de La Mercedc. 1769 (cartográfico)
  • Calle del Burros. XIX – 1848 (popular, nunca oficial)
  • Calle de Padillac. 1840 – 1848
  • Calle de la Colegiata1848 – actualidad
Construcciones Edificios e instituciones origen disputado
Ver fuentes (8)