Calle del Duque de Rivas

Barrio de Embajadores

La calle recibe su nombre de Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano (Córdoba, 1791 – Madrid, 1865), III duque de Rivas, por el palacio que fue su residencia madrileña, luego conocido como Palacio de Viana. El nombre es póstumo: hasta 1890 el espacio no existía como calle, sino como una pequeña ensenada conocida como plaza de la Concepción Jerónima, cerrada por el convento jerónimo fundado en 1509 por Beatriz Galindo. Derribado el convento en 1890, el Ayuntamiento de Madrid acordó el 26 de junio de 1895 rotular la nueva vía con el nombre del duque.

La calle se abre entre la Calle de la Concepción Jerónima y la Calle de la Colegiata, en el barrio de Embajadores (distrito Centro), con una longitud de unos 103 metros. Su trazado corto es resultado directo de la desamortización tardía: el convento de la Concepción Jerónima, fundado por Beatriz Galindo «la Latina» en 1509 sobre una viña del capitán Francisco Ramírez de Madrid, ocupó durante casi cuatro siglos el solar que hoy corresponde en parte a esta calle y en parte al jardín del Palacio de Viana. El Palacio de Viana, que da a los números impares de la calle, tiene historia propia anterior al duque. Beatriz Galindo lo mandó construir entre finales del siglo XV y principios del XVI. El edificio pasó por vías hereditarias hasta llegar a Ángel de Saavedra, quien encargó en 1843 al arquitecto Francisco Javier Mariátegui una remodelación sustancial que incluyó la adición de una segunda planta. Tras la muerte del duque en 1865, el inmueble pasó a su hijo y de este a su hermano Teobaldo de Saavedra y Cueto, primer marqués de Viana, que le dio el nombre por el que hoy se conoce. El Estado español lo adquirió al tercer marqués en 1955; desde 1939 funciona como residencia oficial del ministro de Asuntos Exteriores. Ángel de Saavedra encarna la figura literaria y política más representativa del Romanticismo español. Herido en la batalla de Chiclana (1811) durante la Guerra de la Independencia, entró en política como diputado liberal y fue condenado a muerte en 1823 por apoyar el pronunciamiento de Riego. El exilio duró once años: Gibraltar, Londres, Malta y Francia, donde se mantuvo pintando. La amnistía de 1833 le permitió regresar; ese mismo año heredó el título ducal al morir su hermano mayor. En Madrid presidió tertulias literarias en el palacio de la calle que luego llevaría su nombre, y desde allí lanzó las dos obras que definen su lugar en la historia literaria: El moro expósito (1834) y Don Álvaro o la fuerza del sino (1835). Ocupó la dirección de la Real Academia Española desde 1862 hasta su muerte. Su trayectoria política giró desde el liberalismo exaltado hacia posiciones conservadoras, lo que sus contemporáneos registraron con ironía.
El 21 de febrero de 1863, Giuseppe Verdi dirigió en el Teatro Real de Madrid el estreno español de La forza del destino, ópera basada en Don Álvaro o la fuerza del sino. Ángel de Saavedra estaba entre el público. Según las crónicas, el duque salió del teatro poco satisfecho: la adaptación del libretista Francesco Maria Piave le pareció una traición a su original, y la remuneración recibida por los derechos de autor no mejoró su humor. Verdi y Rivas coincidieron aquella noche sin que conste entre ellos intercambio alguno, lo que los historiadores han señalado como uno de los encuentros fallidos más llamativos de la cultura española del XIX.

Sus nombres

  • Plaza de la Concepción JerónimaAnterior a 1890
  • Vía sin nombre (calle abierta)1890–1895
  • Calle del Duque de RivasDesde el 26 de junio de 1895
Personas Escritores y artistas origen disputado
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