Calle de Latoneros

Sol

La calle toma nombre del gremio de latoneros que instaló sus talleres y fundiciones en ella, probablemente desde el siglo XVI, cuando el latón desplazó al cobre y al bronce en la fabricación de utensilios domésticos y piezas litúrgicas. Peñasco y Cambronero (1889) recogen sin ambigüedad: «Viene el nombre de las tiendas de latoneros que había en la calle».

Entre la calle de Toledo y la plaza de Puerta Cerrada, esta vía fue desde el siglo XVI el corazón artesano del Madrid que crecía fuera de las murallas. Aquí trabajaban los latoneros, y de su oficio sale el nombre. De sus talleres salían braseros con patas de garra, bandejas, atriles, custodias, incensarios y candeleros. La mayor concentración de iglesias de la ciudad se apretaba alrededor de Puerta Cerrada, y esos templos eran el cliente principal del oficio: tener la fábrica a la puerta de la clientela tenía toda la lógica del mundo. Latoneros y cuchilleros fueron los únicos artesanos que se mantuvieron en su emplazamiento original desde el siglo XVI hasta bien entrado el XX. Mientras otros oficios se mudaban o desaparecían, ellos siguieron clavados en el mismo punto durante más de tres siglos.
Un latonero de la calle, conocido por improvisar versos al ritmo del martillo, fue recomendado por el Conde-Duque de Olivares a Felipe IV. El rey lo tanteó con el octosílabo «Dícenme que vertéis perlas», y el artesano respondió: «Sí, señor; mas son de cobre, / y como las vierte un pobre, / nadie se baja a cogerlas». El episodio lo recoge Pedro de Répide en Las calles de Madrid.

Sus nombres

  • sin denominaciónanterior a c. 1656
  • Calle de los Herreros de Puerta Cerrada (hipotética)siglo XVII (?)
  • Calle de los Latonerosanterior a 1769 – hasta hoy
Oficios Gremios origen disputado
Ver fuentes (5)