Calle de los Estudios
Barrio de Embajadores
La calle toma nombre de la Casa de los Estudios, institución docente fundada en 1569 en el flanco lateral del solar jesuita de la calle de Toledo, sostenida por la Villa de Madrid y regida por la Compañía de Jesús. El topónimo «del Estudio» aparece ya en el plano de Pedro Texeira (1656); en la cartografía de Antonio Espinosa de los Monteros (1769) consta como «de San Dámaso»; y en el nomenclátor del siglo XIX se consolida como «de los Estudios», forma que ha llegado hasta hoy.
La calle parte de la calle de Toledo en su extremo norte y desemboca al sur en la plaza de Cascorro, en el barrio de Embajadores del distrito Centro. Su trazado corresponde al acceso lateral al complejo educativo y religioso que los jesuitas levantaron a lo largo del siglo XVI y que acabaría siendo el Colegio Imperial.
La primera institución en el solar fue el templo de San Pedro y San Pablo, construido entre 1563 y 1567. Dos años después, en 1569, la Villa abrió la Casa de los Estudios en la calle contigua a la de Toledo: aulas de Latinidad y Retórica de asistencia libre y sin coste, continuación directa del antiguo Estudio de la Villa que Alfonso XI había concedido a Madrid en 1346. La Compañía de Jesús llevaba la dirección académica; la Villa pagaba. Esa doble dependencia marcó el carácter de la institución durante dos siglos.
En 1603 murió en Madrid la emperatriz María de Austria, hija de Carlos I y viuda de Maximiliano II. Retirada en las Descalzas Reales, legó una suma generosa a los jesuitas para fundar un colegio con renta perpetua bajo su patronazgo. El resultado fue el Colegio Imperial de San Pedro y San Pablo, que absorbió la Casa de los Estudios. Felipe IV lo elevó en 1625 a Reales Estudios, ampliando el plan de materias a veintitrés asignaturas —diecisiete mayores y seis menores—, con cátedras de Matemáticas, Filosofía Natural, Lenguas y Teología. La calle lateral pasó a llamarse, de manera informal, del Estudio, nombre que recoge Texeira en 1656.
Carlos III expulsó a los jesuitas el 3 de abril de 1767. El Colegio cerró y la calle quedó sin su referente institucional. Tres años después, en 1770, el rey reabrió el centro con el nombre de Reales Estudios de San Isidro y quince nuevas cátedras por oposición. La antigua iglesia del Colegio, dedicada a San Francisco Javier, se convirtió en la colegiata de San Isidro. La calle incorporó entonces el nombre del santo patrono de Madrid y circuló durante décadas como «calle de los Estudios de San Isidro».
El 17 de julio de 1834, durante la epidemia de cólera y la primera guerra carlista, una multitud asaltó el Colegio Imperial. El rumor de que los jesuitas habían envenenado las fuentes públicas desencadenó la matanza: murieron allí diecisiete jesuitas, según Julio Caro Baroja —cinco presbíteros, nueve maestros y tres hermanos—. Sus restos descansan en las naves del sótano del edificio, hoy Instituto de San Isidro. Al año siguiente, 1835, la desamortización expulsó definitivamente a la Compañía y el centro pasó a llamarse Estudios Nacionales de San Isidro. En 1845, la Ley Pidal lo integró en el sistema de enseñanza secundaria como Instituto de Segunda Enseñanza San Isidro.
Peñasco y Cambronero (1889) sitúan en esta calle la Escuela de Arquitectura, que desde 1857 funcionaba aquí como centro dependiente de la Universidad Central, habiendo salido previamente de la tutela de la Real Academia de San Fernando.
En las primeras décadas del siglo XX la calle conservaba un perfil de mercado secundario: tiendas de ropavejeros —gremio documentado en esta zona desde el siglo XIV— y mueblistas en madera de pino. Pedro de Répide la describió como «un rincón típico y pintoresco». Ese perfil no era casual: el extremo sur de la calle desembocaba en el llamado tapón del Rastro, un manzón triangular insalubre que cerraba el paso hacia el mercado. Las obras de reforma urbanística iniciadas en 1905 lo demolieron; con él desaparecieron las calles del Cuervo y de San Dámaso. La plaza resultante recibió en 1913 el nombre de Nicolás Salmerón y en 1941 el popular de Cascorro.
El pintor Leonardo Alenza vivió en esta calle desde 1817, cuando su padre se trasladó aquí al casarse en segundas nupcias; es probable que estudiara sus primeras letras en el propio Colegio Imperial, que entonces aún funcionaba como centro docente.
El 17 de julio de 1834, cuando el cólera arrasaba Madrid y corrían rumores de que los jesuitas habían envenenado las fuentes públicas, una turba asaltó el Colegio Imperial por la calle de los Estudios y asesinó a diecisiete religiosos. El capitán general Martínez de San Martín llegó con tropas media hora después, pero la matanza siguió a un palmo de su presencia. Los restos de las víctimas fueron enterrados en el sótano del edificio y permanecen allí: el Instituto de San Isidro —sucesor directo del Colegio— conserva los nichos en sus galerías subterráneas.
Sus nombres
- Calle del MataderoAnterior a 1569
- Calle del Estudioc. 1569 – s. XVIII (plano Texeira, 1656)
- Calle de San Dámasoc. s. XVII – 1769 (plano Espinosa)
- Calle de los Estudios de San Isidroc. 1770 – s. XIX
- Calle de los Estudioss. XIX – actualidad
Ver fuentes (10)
- Calle de los Estudios — Wikipedia
- Reales Estudios de San Isidro — Wikipedia
- Matanza de frailes en Madrid de 1834 — Wikipedia
- Madrid: sus viejas calles — Estudios (Calle de los)
- Por las calles de Madrid — Calle de los Estudios (fotopaseo)
- Calle de los Estudios — De Madrid a la Nube
- Las tumbas ocultas del Colegio Imperial — Caminando por Madrid
- Historia urbana de Madrid: El tapón del Rastro a plaza de Nicolás Salmerón
- El Colegio Imperial de Madrid — ReviveMadrid
- Peñasco, H. y Cambronero, C. — Las calles de Madrid (1889), BNE Biblioteca Digital Hispánica