barrio de Delicias

Delicias

El paseo de las Delicias se llamó así porque era un paraje arbolado y agradable para caminar hacia el Manzanares, plantado en tiempos de Fernando VI, cuando todavía esto era campo al sur de Madrid. Lo delicioso era el arbolado; el nombre se quedó en la vía y, con ella, en todo el barrio. Que un sitio que acabaría lleno de talleres, vías y carbón se llame Delicias dice bastante de lo que fue antes de los trenes.

Antes de las vías esto eran huertas y campo abierto camino del río, con aquella alameda que le dio nombre. El ferrocarril lo cambió todo. En 1880 se abrió la estación de Delicias, de donde salían los trenes hacia el sur; por eso una calle cercana se llama Ciudad Real, que era el destino principal de aquella línea. Llegaron talleres, fábricas y gente que vivía de ellos, y junto a la estación el arquitecto Francisco Alonso Martos levantó una colonia de casas baratas para los ferroviarios, que hoy recuerda la calle de Alonso Martos. De aquel vecindario sale también la calle del Cristo del Camino, un crucificado al que aquí llamaban el Cristo de los Ferroviarios. Hay un rincón del barrio que parece un muestrario de geología. Lo llaman el barrio de los Metales, y las placas van diciendo Cobre, Plomo, Granito, y luego piedras más finas: Alabastro, esa piedra blanca y casi transparente de los retablos; Berilo, del que salen la esmeralda y la aguamarina; Turmalina, Circón y Circonita, hasta el Caolín, la arcilla blanca de la porcelana. Donde estaba la calle del Plomo hoy se lee Isidoro Álvarez Álvarez, el presidente de El Corte Inglés durante veinticinco años, porque la empresa puso aquí sus primeras oficinas. Y donde antes ponía Batalla de Belchite, ahora pone Juana Doña, dirigente comunista a la que el franquismo condenó a muerte en 1947. Junto al Planetario los nombres miran al cielo. Allí están las Nebulosas, las nubes donde nacen las estrellas, y calles con nombre de estrella suelta: Naos, la más brillante de la antigua nave Argo; Denébola, la cola del león; Shaula, el aguijón del escorpión. A un lado, un puñado de pintores —⁠Luis Paret, Alejandro Ferrant, Watteau⁠— y, todavía, el paseo de las Delicias, sin un solo árbol de aquella alameda que lo empezó todo.

Calles

Todas las calles del barrio de Delicias.