barrio de Delicias

Delicias

El nombre viene del paseo de las Delicias, una de las alamedas que en el siglo XVIII se abrieron desde el sur de la ciudad hacia el Manzanares, con dobles hileras de árboles que prolongaban el paseo del Prado camino del río. Aquel arbolado convirtió un descampado en lugar de recreo, las llamadas «Delicias del río», y el sobrenombre acabó fijándose en la vía y, con ella, en todo el barrio.

Hasta mediados del siglo XIX esto era campo abierto al sur de la ciudad, cruzado por la alameda dieciochesca que daba nombre al barrio. El ferrocarril lo cambió todo. La cercanía de Atocha y, sobre todo, la estación de las Delicias, abierta en 1880, atrajeron talleres metalúrgicos, fábricas y vecindario obrero, y fijaron el carácter industrial que aún se rastrea en sus calles. El callejero cuenta esa doble vida. Delicias, eje del barrio, recuerda el viejo paseo arbolado. Alejandro Ferrant homenajea al pintor madrileño de historia y temas religiosos premiado en 1878. Cristóbal Bordiú evoca al ingeniero de minas y ministro autor de la Ley de Minas de 1849, y ese guiño mineral se extiende por un racimo de vías vecinas: Alabastro, Circón, Bronce, piedras y metales convertidos en rótulo. Hoy las fábricas se fueron a la periferia y el barrio respira otro aire, entre bloques residenciales, oficinas y comercio de toda la vida. La antigua estación, sin trenes desde hace décadas, guarda bajo su marquesina de hierro y cristal el Museo del Ferrocarril, con las locomotoras alineadas donde antes salían los convoyes.

Calles

Todas las calles del barrio de Delicias.