Calle de Turmalina
El nombre rinde homenaje a la turmalina, mineral de borosilicato célebre por su variedad cromática.
La turmalina presta su nombre a esta vía corta del barrio de las Delicias, donde forma parte de un vecindario mineral: las calles de alrededor llevan títulos como Berilo, Circón, Cobre, Granito, Hierro o Plomo, un pequeño muestrario de piedras y metales repartido por el callejero. La elección encaja en una tradición madrileña de bautizar zonas enteras con familias temáticas, y aquí el tema fue la mineralogía.
El mineral debe su nombre al cingalés touramalli (o turamali), que significa algo así como «piedras de colores mezclados». La descripción resulta exacta: la turmalina cambia de tono según los elementos químicos que entren en su composición, y aparece en rosa, verde, azul, amarillo, negro o en un mismo cristal a franjas. Llegó a Europa desde Ceilán, la actual Sri Lanka, donde los primeros ejemplares que circularon eran piedras pardas más bien modestas; las gemas que hoy se buscan vinieron después de Brasil, California y África.
Tiene una rareza que conviene contar al caminante: al calentarse o someterse a presión, la turmalina se electrifica en sus extremos. Los joyeros holandeses del siglo XVIII se dieron cuenta de que, acercada a las brasas, la piedra atraía la ceniza, y la apodaron «piedra que tira de la ceniza».