Calle Zinc

Legazpi

Lleva el nombre del zinc, uno de los metales que bautizan en bloque las calles de este rincón de Legazpi.

El nombre sale de la tabla periódica. El zinc es ese metal azulado que protege el hierro de la herrumbre y que, aleado con cobre, da el latón. La palabra llegó al castellano a través del alemán Zink, emparentado con Zinke, «punta» o «diente», por los cristales afilados que el metal forma al solidificarse. Quien lo bautizó como elemento fue el alquimista suizo Paracelso en el siglo XVI, aunque tardó dos siglos en aislarse puro en un laboratorio prusiano. La calle pertenece a lo que los vecinos llaman el Barrio de los Metales, un retazo de Arganzuela junto a la plaza de Legazpi donde el callejero parece un muestrario de mineralogía. A pocos pasos corren Hierro, Plomo, Bronce, Cromo, Rodio u Ónice. El ayuntamiento aplicó aquí una vieja costumbre madrileña: dar a todas las calles de un sector un mismo tema para que se recuerden mejor. El tema no es casual. Esta franja al sur fue durante décadas suelo fabril, con talleres, fundiciones y naves que olían a metal caliente. Cuando la industria se marchó y llegaron las viviendas, los nombres de los materiales se quedaron como recuerdo discreto de lo que allí se trabajaba. Por Zinc ya solo pasa quien busca su portal.
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