Calle de Juan Martín El Empecinado
Recuerda a Juan Martín Díez (1775-1825), el guerrillero que hostigó a las tropas de Napoleón y acabó ahorcado por orden de Fernando VII.
Detrás de este nombre hay un labrador de Castrillo de Duero que se convirtió en pesadilla de las tropas francesas. Juan Martín Díez (1775-1825) levantó partidas de campesinos por la cuenca del Duero durante la Guerra de la Independencia y atacó convoyes, correos y guarniciones con una constancia que lo hizo célebre.
El apodo viene del agua. En su pueblo cruzaba un arroyo, el Botijas, cargado de pecina —el cieno verdoso de las aguas estancadas—, y por esa pecina llamaban «empecinados» a los vecinos. El mote le quedó pegado, y tanto se asoció a su tenacidad que el adjetivo «empecinado» pasó a la lengua común con el sentido de obstinado.
El final fue amargo. Vuelto liberal durante el Trienio, cayó en desgracia con el regreso del absolutismo. Detenido y trasladado a Roa de Duero, fue ahorcado en su Plaza Mayor en 1825. Se cuenta que, ya al pie del cadalso, rompió las esposas de un golpe y trató de hacerse con un sable antes de ser reducido.
La vía corre por el barrio de Palos de la Frontera, entre Méndez Álvaro y Canarias, en el trazado ferroviario y de talleres que define esta parte de Arganzuela. Un guerrillero del Duero rotulado entre vías de tren.