Calle Circonita
Lleva el nombre de la circonita, la gema brillante, dentro de un grupo de calles de Delicias bautizadas con minerales.
La calle Circonita nace de una piedra. Ocupa un rincón del barrio de Delicias donde las vías llevan, una tras otra, nombres de minerales y gemas: el Berilo, el Alabastro, el Caolín, el Cobre y, casi tocándola, el Circón, la piedra de la que toma su diminutivo. Quien camina por aquí cruza una pequeña vitrina de mineralogía trazada sobre el asfalto.
La circonita brilla con fuerza y transparencia, y por eso se confunde a menudo con el diamante. El zircón natural es antiguo: su nombre llega del persa zargun, «de color dorado», a través del árabe zarqun. La circonita que hoy se vende en joyerías es otra cosa, una imitación cristalina de óxido de circonio que un físico soviético logró fabricar en laboratorio en los años setenta y que en la década siguiente se extendió por el mercado como sustituto barato de la gema cara.
El barrio que la acoge guarda su propia historia. Delicias debe su nombre a las delicias del río, el paraje de recreo que se abrió junto al Manzanares cuando Madrid quiso embellecer sus afueras en el siglo XVIII. De aquel jardín de paseo al callejero de los minerales media tiempo, pero el barrio sigue ofreciendo, en cada esquina, una piedra distinta.