barrio de Ciudad Jardín

Ciudad Jardín

La garden city que imaginó el inglés Ebenezer Howard hacia 1900 buscaba sacar al obrero del hacinamiento de la gran ciudad y darle aire, huerto y luz. La fórmula caló en España, y Chamartín de la Rosa —⁠entonces pueblo independiente al norte de Madrid⁠— bautizó así su ensanche de hotelitos. El nombre quedó cuando el municipio se anexionó a Madrid en 1948.

Antes de las casas, esto era campo alto: pinares, dehesas y arboledas que subían hacia el Pinar de Chamartín, un topónimo que aún resiste un poco más al norte. La calle Pinarillo, diminutivo de pinar, recuerda esos árboles; la calle Campanillas y la calle Reventón, nombres de plantas, siguen un callejero vegetal pensado para el barrio jardín. La calle de Pradillo lleva el apellido del propietario cuyos terrenos sirvieron para estirar la vecina barriada de la Prosperidad hacia estos altos. Hay una parte del barrio que se fue toda a la sierra. Las calles rotulan cumbres del Guadarrama: Siete Picos, el macizo de siete prominencias alineadas; Guaramillos, por el Alto de las Guarramillas que los madrileños llaman la Bola del Mundo por sus antenas; La Flecha, Cueva Valiente, el Pico del Águila, el Risco del Pájaro de La Pedriza. Otras nombran los puertos por donde se cruza la sierra hacia Segovia, Cotos y Malagosto, o pueblos de la Sierra Norte como Navalafuente y Redrueña —⁠el pueblo de Redueña, cuya piedra labró las fuentes de Cibeles y Apolo en el paseo del Prado⁠—⁠. Y donde había un nombre franquista, ahora hay una imagen serena: la plaza de la Charca Verde sustituyó en 2017 a la antigua Plaza de Arriba España. El resto es teatro y oficios. Aquí están María Guerrero y su marido Fernando Díaz de Mendoza, la pareja que dirigió la compañía teatral más célebre de su tiempo; Matilde Díez y José García Luna, actores del XIX y del Romanticismo; Agustín de Rojas, cómico y corsario del Siglo de Oro. Hay médicos a puñados —⁠Martín Martínez, Pérez Herrera, el Doctor Marco Corera⁠— y, presidiéndolo todo, la avenida de Ramón y Cajal, el aragonés que vio que el cerebro estaba hecho de neuronas sueltas. En la calle de Saturnino Calleja, el editor que inundó España de cuentos infantiles baratos, hasta el rótulo cuenta un cuento: de él viene aquello de «tener más cuento que Calleja».

Calles

Todas las calles del barrio de Ciudad Jardín.