Calle de Redrueña
Toma el nombre de Redueña, pequeño pueblo de la Sierra Norte madrileña, en una zona de Ciudad Jardín que rotula localidades de la provincia.
La Calle de Redueña nombra a Redueña, un pueblo diminuto de la Sierra Norte de Madrid asentado en el valle medio del Jarama, por encima de los ochocientos metros de altura. La placa se suma a una costumbre del entorno de Ciudad Jardín, donde varias vías llevan el nombre de localidades de la provincia.
Redueña apenas reúne un par de cientos de vecinos, pero su piedra llegó al corazón de Madrid: de sus canteras salió material para labrar las fuentes de Cibeles y de Apolo, dos de las imágenes más fotografiadas del paseo del Prado. Sobre restos visigodos se levanta su iglesia de San Pedro Advíncula, mezcla de Renacimiento y Barroco, y en el viejo cementerio sobrevive una cruz gótica sobre una columna fechada entre los siglos XIII y XIV. El pueblo pasó por las manos de la corona, que llegó a venderlo en el siglo XVI; los vecinos pagaron para recuperarlo y seguir bajo la Castilla real. De aquella historia de compra y reconquista queda hoy un caserío tranquilo entre encinas.