Calle de Javier Ferrero
Recuerda a Francisco Javier Ferrero Llusiá, arquitecto madrileño del racionalismo que firmó algunos de los mercados más singulares de la ciudad.
Detrás del nombre hay un arquitecto que murió joven y dejó una huella enorme en el paisaje de Madrid. Francisco Javier Ferrero Llusiá nació en la ciudad en 1891 y trabajó primero junto a su padre, también arquitecto, hasta que sus estilos se volvieron casi indistinguibles. Desde 1919 ocupó un puesto en la Oficina Técnica Municipal, y hacia 1926 abrazó el racionalismo: formas geométricas limpias, volúmenes funcionales, nada superfluo.
Su firma está en obras que cualquier madrileño ha cruzado sin saberlo. Levantó el gran mercado central de frutas y verduras de Legazpi y el de pescados junto a la Puerta de Toledo, y proyectó el viaducto de la calle de Bailén que salva la cuesta sobre la ciudad vieja.
Su obra más recordada ya no existe. El mercado de Olavide, terminado en los años treinta, era un edificio de planta octogonal, una rareza geométrica en pleno Chamberí. El 2 de noviembre de 1974 lo dinamitaron entre protestas, con los escaparates de alrededor reventados por la onda. En su lugar quedó una plaza con fuente.
Ferrero no llegó a ver nada de aquello: murió en 1936, durante la defensa de Madrid en la guerra civil.