Calle de Navalafuente
Lleva el nombre de Navalafuente, pueblo de la Sierra Norte de Madrid bautizado por la fuente que brotaba junto a una nava.
El nombre viene de un pueblo pequeño de la Sierra Norte de Madrid, a unos sesenta kilómetros al norte de la ciudad. Navalafuente nació, según se cuenta, en el siglo XII, cuando los pastores subían sus rebaños a apacentar a aquellos prados de montaña y levantaron las primeras casas alrededor de un manantial. De ese manantial sale el topónimo: la Fuente de la Nava, que con el tiempo se fundió en una sola palabra.
Una nava es una tierra llana y sin árboles, a veces encharcada, encajada entre montañas. La voz es prerromana y se emparenta con el euskera naba, «llanura»; ha dejado huella en cientos de topónimos por toda la mitad norte peninsular. Así que el nombre de la calle, leído al revés, describe un paisaje: el agua que mana en mitad del llano serrano.
El pueblo perteneció durante la Edad Media al término de Bustarviejo y al Sexmo de Lozoya, en tierras de Segovia; no se libró de ese gobierno hasta 1650 y tardó casi otro siglo en hacerse villa propia.
En Madrid, la Calle de Navalafuente dibuja uno de los bordes del barrio de Ciudad Jardín, la colonia tranquila de chalés y manzanas ajardinadas trazada en el ensanche de Chamartín. Más de trescientos metros de calle apacible que toman prestado el nombre de un manantial de la sierra.