Gran Vía

Barrio de las Letras · Universidad

El nombre describe la condición física de la arteria: 35 metros de anchura, dimensión sin precedente en el callejero madrileño del siglo XIX. El adjetivo «gran» no honra a persona ni lugar; designa la escala del proyecto. El término circuló en prensa y en el debate municipal décadas antes de que comenzaran las obras, y la zarzuela homónima de Federico Chueca y Joaquín Valverde (estrenada en el Teatro Felipe el 2 de julio de 1886, veinticuatro años antes del primer piquetazo) lo consagró en el habla popular. La denominación oficial, sin embargo, no llegó hasta 1981.

La idea de abrir una vía transversal ancha en el casco histórico de Madrid se formuló por primera vez en 1862, en la Junta Consultiva de Policía Urbana, como respuesta al congestionamiento de la Puerta del Sol tras la reforma de Mesonero Romanos. El proyecto conectaría la calle de Alcalá con la plaza de San Marcial (hoy Plaza de España) sorteando el nudo de Sol. Fracasaron varios intentos: los de 1882 y el de Carlos Velasco en 1886. El definitivo lo presentaron el 2 de julio de 1901 los arquitectos municipales José López Sallaberry y Francisco Andrés Octavio, con aprobación ministerial el 21 de agosto de 1904. El Conde de Peñalver, alcalde en tres ocasiones, gestionó el empréstito que financió el arranque; murió en 1916 sin ver terminado ni el primer tramo. Las obras comenzaron el 4 de abril de 1910 con el golpe de piqueta de Alfonso XIII en la casa del Cura de San José, junto a la calle de Alcalá. El proyecto exigió demoler unas 310 edificaciones, expropiar más de 142.000 metros cuadrados y eliminar o recortar 48 calles, entre ellas San Miguel, Jacometrezo, San Jacinto, Leones y Travesía del Desengaño. El coste superó los 29 millones de pesetas. La arteria se ejecutó en tres tramos, cada uno con nombre propio. El primero, de la calle de Alcalá a la Red de San Luis, recibió el nombre de Avenida del Conde de Peñalver en homenaje al alcalde impulsor; se abrió al tráfico el 28 de octubre de 1917 y se entregó definitivamente el 18 de julio de 1924. El segundo, de la Red de San Luis a la Plaza de Callao, se llamó Avenida de Pi y Margall en memoria del presidente de la I República; el boulevard se terminó el 20 de agosto de 1927. El tercero, de la Plaza de Callao a la Plaza de España, tomó el nombre de Avenida de Eduardo Dato, presidente del Gobierno asesinado en 1921; el tramo se concluyó hacia 1931-1932, aunque el último edificio de la calle, el Hotel Washington, no se inauguró hasta 1952-1954. El trazado comprimió estilos en avance cronológico: barroquismo ecléctico francés en el primer tramo, modernismo y Art Déco en el segundo, expresionismo y rascacielos americanizados en el tercero. El Edificio Telefónica (Ignacio de Cárdenas, 1929), el Palacio de la Prensa (1924) y el Edificio Carrión o Capitol (Luis Martínez Feduchi y Vicente Eced, 1933) definen esa secuencia. La calle funcionó desde el primer día como eje comercial, hotelero y de espectáculos: tiendas de lujo, cines, salas de baile, emisoras de radio y las redacciones de revistas ilustradas le dieron una vocación que la prensa de la época comparó con el Broadway neoyorquino y las grandes avenidas de París. Durante la Guerra Civil la Gran Vía quedó en primera línea. El Ejército Republicano usó la planta decimotercera del Edificio Telefónica como observatorio de artillería; las fuerzas nacionales, sabedoras de ello, orientaron sus cañones hacia el edificio tomando la avenida como eje de tiro. Los vecinos empezaron a llamarla «Avenida de los Obuses» y, más específicamente, «Avenida del Quince y Medio» por el calibre en milímetros de los proyectiles que impactaban en la fachada occidental del rascacielos. El arquitecto Ignacio de Cárdenas registró personalmente cada impacto en los planos del edificio y dirigió las reparaciones. El inmueble sobrevivió operativo durante los tres años de contienda. Al término de la guerra, el 24 de abril de 1939, el régimen franquista unificó los tres tramos bajo el nombre Avenida de José Antonio, en honor al fundador de la Falange. Los madrileños nunca abandonaron el apelativo «Gran Vía», que con el tiempo cruzó las fronteras de la ciudad y se volvió corriente en todo el país. En 1981, el alcalde Enrique Tierno Galván firmó el cambio de 27 nombres de calles; entre ellos, la Avenida de José Antonio recuperó oficialmente la denominación que el uso popular nunca había retirado.
El 24 de enero de 1928 un toro destinado al matadero de Legazpi se escapó y recorrió la Gran Vía sembrando el pánico. El torero Diego Mazquiarán, «Fortuna», que paseaba por la avenida con su mujer, se quitó el abrigo y lo usó como capote improvisado para contener al animal mientras esperaba que le trajeran el estoque desde su domicilio en automóvil. Mató al toro de una estocada. El suceso causó tres heridos, destrozos en varios comercios y llegó a portadas de periódicos italianos y franceses. El Gobierno le concedió la Cruz de la Beneficencia. El diario ABC cubrió el incidente en su edición del día siguiente.

Sus nombres

  • Proyecto de prolongación de la calle Preciados (denominación técnica)1886–1901
  • Avenida del Conde de Peñalver1910–1936
  • Avenida de Pi y Margall1918–1936
  • Avenida de Eduardo Dato1921–1936
  • Avenida de la CNT1936
  • Avenida de Rusia / Avenida de la Unión Soviética1937–1939
  • Avenida de México1937–1939
  • Avenida de José Antonio1939–1981
  • Gran Vía1981–actualidad
Descriptivos Forma y trazado origen disputado
Ver fuentes (12)