Calle de los Libreros

Barrio de Universidad

El nombre procede de los libreros de viejo que se concentraron en esta vía desde finales del siglo XIX, y que la convirtieron en el principal mercado de libros de segunda mano de Madrid, ligado a la proximidad de la Universidad Central de San Bernardo. La denominación fue propuesta, según la tradición oral y varias fuentes del siglo XX, por el escritor Pío Baroja. El acuerdo municipal que la oficializó data de 1943.

La calle discurre de suroeste a noreste entre la Gran Vía y la calle de la Estrella, en el barrio de Universidad, distrito Centro. Mide poco más de doscientos metros y su trazado actual perdió el tramo sur con la apertura de la Gran Vía a principios del siglo XX. El plano de Pedro Teixeira (1656) la recoge bajo el nombre de Calle del Pozo o Poça alta, referencia directa a un pozo que existía en la zona cuando aquella parte de Madrid era aún terreno sin urbanizar del todo. La denominación Calle de la Justa, que aparece en el plano de Espinosa (1769) para el tramo desde la confluencia con la calle de la Flor Alta, añade el nombre de la propietaria de ese pozo. Pedro de Répide, en Las calles de Madrid, recoge la leyenda local según la cual del pozo emergieron dos basiliscos que mataron a la mujer con su sola mirada. Peñasco y Cambronero, más cautelosos, señalan que cuando aquello era campo había un pozo famoso cuya dueña se llamaba Justa, sin adornar el dato con criaturas fabulosas. Durante el siglo XIX la calle era conocida por una mezcla de actividades poco recomendables. El Ayuntamiento le impuso en mayo de 1893 el nombre de Calle de Ceres, diosa romana de la agricultura, denominación tan ajena a su realidad que Répide comentó con sorna que Venus hubiera sido más apropiada: la calle era entonces uno de los focos de prostitución del centro de Madrid, junto con las cercanas Tudescos, Jacometrezo y Montera. Valle-Inclán la frecuentó y la dejó reflejada en el ambiente de Luces de Bohemia; también aparece en los cuadros de Gutiérrez Solana. Alfonso Vidal y Planas ambientó allí su obra Santa Isabel de Ceres (1922), que estuvo tres meses en cartel. En 1926, sin motivo documentado con claridad, el nombre cambió al de Constantino Rodríguez, personaje del que ninguna fuente consultada ha podido ofrecer reseña biográfica. La denominación sobrevivió durante la Segunda República y fue suprimida en 1943, cuando el Ayuntamiento, a instancias —⁠según se dice⁠— de Pío Baroja, recogió el uso popular y la llamó Calle de los Libreros. La vocación comercial libraria arrancó antes del cambio oficial de nombre. Josefa Borrás Ballester, conocida como doña Pepita, abrió su negocio de compraventa de libros usados en la calle Jacometrezo; cuando las expropiaciones de la Gran Vía la desalojaron, se trasladó a esta vía, entonces Calle de Ceres. Fue maestra y profesora de sordomudos, y aplicó al trato con los estudiantes la misma disposición: les fiaba cuando no llegaban al precio, y su clientela universitaria la defendió colectivamente cuando tuvo problemas con el Ayuntamiento. De su negocio aprendieron el oficio quienes luego abrieron La Casa de la Troya, La Fortuna, La Felipa, La Merced, Salamanca, Alcalá, Guzmán y Barbazán. La calle llegó a contar con más de una docena de establecimientos simultáneos en sus años de mayor actividad, entre los años cincuenta y noventa del siglo XX. En septiembre, al comienzo del curso, era el lugar donde los estudiantes de la Universidad Central vendían los libros del año anterior y compraban los del siguiente. En la manzana que da a la calle estuvo el Hospital de la Buena Dicha, fundado en 1564, cuya entrada principal abría a esta vía. En el pequeño cementerio anejo, que ocupaba la parte trasera del conjunto, recibieron sepultura provisional Manuela Malasaña y Clara del Rey tras el levantamiento del 2 de mayo de 1808. El hospital y el cementerio fueron demolidos a finales del siglo XIX; entre 1914 y 1917 el arquitecto Francisco García Nava levantó en su solar la actual iglesia de la Buena Dicha. Un ciprés del cementerio original permaneció junto a la calle hasta el siglo XX. Felipa Polo Asenjo (Loranca de Tajuña, 1911 - Madrid, 2002) entró a trabajar con doña Pepita a los doce años y abrió su propia librería en el número 16 en 1944. En 2018 el Ayuntamiento colocó una placa en su memoria. El paramento de la calle, peatonalizada, lleva desde 2017 letras en relieve sobre bandas de acero cortén. En 2021, de las once o doce librerías que llegó a tener, solo quedaban tres o cuatro abiertas.
Gustavo Adolfo Bécquer conoció en esta calle a Julia Espín, la cantante que se convertiría en musa de sus primeras Rimas. La encontró paseando junto a su amigo el escritor Julio Nombela, en la época en que la vía era aún Calle de la Justa o recién renombrada Ceres. La diferencia de clase frustró cualquier relación, pero el encuentro dejó huella en los poemas.

Sus nombres

  • Calle del Pozo / Poça altaanterior a 1656 — c. 1769
  • Calle de la Justac. 1769 — 1893
  • Calle de Ceres23 de mayo de 1893 — 1926
  • Calle de Constantino Rodríguez1926 — 1943
  • Calle de los Libreros1943 — actualidad
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