barrio de Vallehermoso

Vallehermoso

No hay finca ni señor detrás del nombre. Vallehermoso es lo que el oído entiende: valle hermoso. Los vecinos lo usaron para el paraje y la calle que lo cruzaba mucho antes de que el Ayuntamiento lo rotulara, y de ahí pasó al barrio entero. Las viejas guías ya lo daban por nombre asentado «de origen popular» a finales del XIX.

Antes de las casas esto era el campo bajo del norte de Madrid: una vaguada de huertas, viñas y olivares fuera de la cerca de Felipe IV. Aquel relieve sigue nombrando las calles. La Loma es la elevación suave que cerraba el paraje; la Viña recuerda el viñedo que lo ocupó; la calle de los Olivos, el olivar; y la avenida del Valle guarda la palabra misma del barrio. Cuando se urbanizó, a partir de 1860, llegó gente de toda condición, y en los años veinte la Compañía Urbanizadora Metropolitana levantó una colonia de hotelitos con nombres de aire campestre: la Brisa, el Atajo, la Amapola, esa flor roja de los trigales. La otra historia del barrio es el agua. Por aquí subía el agua del Lozoya que el Canal de Isabel II trajo a Madrid, y el callejero rinde cuentas a quienes la condujeron: Lucio del Valle, el ingeniero que dirigió las obras, y Boix y Morer, dos ingenieros de caminos que firmaron juntos parte del abastecimiento. El primer tramo de la avenida de Filipinas se llamó incluso Lozoya, porque corría junto al tercer depósito del Canal. Aquí se cambiaron muchas placas. Donde hubo generales del bando vencedor —⁠la calle del Bosque, luego un militar africanista⁠— hoy hay una poeta, Ángela Figuera; donde estuvo el general Dávila, el escritor del exilio Max Aub; donde Juan Vigón, el orador republicano Melquíades Álvarez. Y queda Velintonia, castellanización de wellingtonia, el viejo nombre botánico de la secuoya: la calle se rebautizó con el de Vicente Aleixandre, el poeta que vivió décadas en su casa y ganó el Nobel. Bajo el árbol de California vivió quien dio nombre a la calle del árbol.

Calles

Todas las calles del barrio de Vallehermoso.