Calle de la Loma

Vallehermoso

Toma su nombre de una loma, la elevación suave y alargada del terreno que definía el viejo Vallehermoso.

El nombre describe lo que el caminante todavía nota en las piernas. Una loma es una elevación de poca altura y forma redondeada, alargada como el lomo de un animal, y de ahí viene la palabra: femenino de lomo, del latín lumbus. Antes de que Chamberí se cubriera de manzanas regulares, esta franja al norte de Madrid era campo ondulado, con suaves subidas y bajadas que los vecinos bautizaban por lo que veían. El barrio de Vallehermoso creció despacio sobre ese terreno quebrado, más lento que el vecino ensanche de Salamanca, frenado en parte por los antiguos cementerios del norte que ocupaban buena parte de estos suelos y devaluaban su entorno. La Calle de la Loma conserva en su nombre esa memoria geográfica, la de un altozano que el asfalto terminó allanando pero no del todo: quien la recorre sigue subiendo. No se ha conservado constancia escrita de quién decidió el nombre ni de qué loma concreta señalaba, si un cerrillo perdido o el conjunto de pequeñas alturas que asomaban en este sector del norte. Pertenece a esa clase de calles que no homenajean a nadie y se limitan a nombrar el suelo que pisan. Apenas ciento cincuenta y cuatro metros, una pendiente discreta y una palabra que en el callejero madrileño se repite, porque lomas hubo muchas y casi todas acabaron bajo las casas.
Descriptivos Forma y trazado origen desconocido