barrio de Adelfas

Adelfas

La adelfa es de savia venenosa y crece silvestre junto al agua. Su nombre tiene un cruce curioso: arranca en el griego daphne, «laurel», pasa por el árabe andalusí al-diflà y llega al castellano adelfa. El barrio tuvo además otro nombre, el popular: Las Californias, por una calle California que dio apodo a todo el sector y que la nueva ordenación borró del plano.

Antes de ser barrio, esto era el sureste pobre de Madrid, tierra baja junto al arroyo Abroñigal y las vías del tren. Por aquí estaban el Cerro de la Plata —⁠de plata no tenía nada: el nombre era guasa por la carbonilla negra que soltaban las máquinas de vapor⁠— y el Cerro Negro, oscuro de arcillas y yesos. Llegaron fábricas, como la de aceites Barón de Velasco, y con ellas obreros y migrantes del campo que se apretaron en corralas de patio y galería, pisos de menos de veinte metros. A ese rincón de casas bajas e industria lo llamaban Las Californias, por la desaparecida calle California que lo cruzaba; hoy lo recuerda la plaza de las Californias. Quien bautizó las calles tiró de tres cajones. Plantas, en torno a la adelfa: el Cafeto, el arbusto del café. Pueblos valencianos: Gandía, cabeza del ducado de los Borja; Játiva, que Felipe V mandó incendiar; y el valenciano Juan de Juanes, el gran pintor del Renacimiento de allí. Y asteroides, como la calle Valeria, por el planeta menor 611. Mezclados, los oficios viejos: el Barrilero, que armaba barriles. El teatro lírico tiene su esquina: Carlos y Guillermo Fernández-Shaw, libretistas padre e hijo; Federico Moreno Torroba, maestro de la zarzuela; los hermanos Arregui y Aruej, que llevaron el Teatro Apolo en los años del género chico; y Los Mesejo, saga de actores de aquel mismo género. Cerca, la calle de Ángeles García-Madrid, poeta presa en Ventas que vio fusilar a las Trece Rosas. Y en una placa que casi nadie lee, Catalina Suárez: la primera mujer de Hernán Cortés, que murió en México sin que nunca se aclarara cómo.

Calles

Todas las calles del barrio de Adelfas.