Calle del Cerro Negro
Toma el nombre de un antiguo cerro del sureste de Madrid, cuyas tierras oscuras de arcillas y yesos le valieron el apellido de «negro».
El nombre viene de un accidente del terreno hoy casi borrado del mapa. El Cerro Negro fue una elevación del sureste madrileño, junto al arroyo Abroñigal y la zona de Entrevías, que con el tiempo quedó sepultada bajo Mercamadrid y el entramado de vías y colectores. Su apellido remite al color de la tierra: arcillas verdosas y pardas salpicadas de yesos, un suelo oscuro y peculiar que entre los siglos XVIII y XIX atrajo a botánicos como Boissier y Reuter, que herborizaban allí plantas adaptadas a esos sustratos.
La calle quedó integrada en el sector que los vecinos conocían como Las Californias, un grupo de calles modestas en lo que hoy es la zona de Adelfas. Junto a Seco, Barrilero o Luis Peidró, la del Cerro Negro formaba un tejido de casas bajas que la urbanización de las últimas décadas fue transformando.
Del propio cerro apenas queda rastro fuera de los nombres. Quien recorre hoy la calle pisa el lugar de una loma de tierra negra que fue referencia para los herborizadores del XIX.