barrio de Almagro

Almagro

El nombre del barrio viene de la calle de Almagro, por Diego de Almagro. El del distrito, Chamberí, está discutido. Una versión lo lleva a un regimiento francés de Chambéry acuartelado aquí durante la Guerra de la Independencia. Otra, a María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, criada en esa ciudad saboyana. Lo seguro es que el topónimo ya aparece en el plano de Madrid de 1761, antes que ninguna de las dos historias pueda explicarlo del todo.

Antes de llenarse de palacetes, esto eran las afueras del norte de Madrid, terreno de huertas y caminos donde la villa se acababa. Por su borde oriental corría la Ronda de Recoletos, el contorno exterior de la ciudad, hasta que en 1864 pasó a llamarse Génova, por la ciudad italiana que la tradición tiene por cuna de Colón, en sintonía con la plaza a la que desemboca. Cuando el siglo XIX urbanizó la zona hacia el norte, vino a vivir gente con dinero, y el barrio se llenó de hoteles y residencias burguesas. Varias calles guardan ese trazado antiguo: la de Fernández de la Hoz, por el ministro de Gracia y Justicia, se llamó antes calle de Chamartín porque apuntaba al camino de aquel pueblo; el Paseo de Eduardo Dato, por el presidente del Gobierno asesinado en 1921, fue el Paseo del Cisne; y el de Martínez Campos, el general que en Sagunto devolvió los Borbones al trono, fue el Paseo del Obelisco. El callejero junta conquistadores y exploradores con artistas y médicos. Está el propio Almagro y, cerca, Ponce de León, que en la Pascua de 1513 bautizó La Florida; García de Paredes, el soldado extremeño apodado «el Sansón de Extremadura»; y Caracas, que no honra una gesta sino el agradecimiento de un comerciante de ultramarinos al país que surtía su negocio. Junto a ellos, los pintores: Fortuny, el de Reus que deslumbró a Europa y murió a los treinta y seis; Zurbarán y sus monjes de luz tallada; y el Españoleto, apodo de José de Ribera en la Nápoles donde pintó casi todo. Y los hombres de ciencia: Jenner, que en 1796 sacó la primera vacuna; Orfila, el menorquín padre de la toxicología; y Morejón, primer historiador de la medicina española, que dio su nombre a un tramo de la actual calle de Fortuny. Las plazas marcan los antiguos límites de la villa. Alonso Martínez, por el jurista que impulsó el Código Civil, fue la Glorieta de Santa Bárbara, por la puerta que se alzó en su centro hasta mediados del XIX. La Glorieta de Emilio Castelar, último presidente de la Primera República, se llamó del Obelisco por la fuente que la presidía. Y donde hoy se cruzan tantos nombres de conquista —⁠del Perú, de Florida, del Cuzco que costó la vida a Almagro⁠—⁠, la única reina del barrio, Blanca de Navarra, murió cautiva de su propia familia sin llegar a reinar.

Calles

Todas las calles del barrio de Almagro.