Plaza de Rubén Darío
Honra a Rubén Darío (1867-1916), el poeta nicaragüense que encabezó el modernismo en lengua española.
Félix Rubén García Sarmiento, nacido en la aldea nicaragüense de Metapa en 1867, firmó como Rubén Darío y reinventó el verso en castellano. Con Azul (1888) y, sobre todo, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza, abrió el modernismo: musicalidad nueva, princesas, jardines y, como emblema recurrente, el cisne. Antonio Machado y Valle-Inclán lo reconocieron como maestro. Vivió en Madrid varias temporadas: llegó en 1892 como parte de la delegación nicaragüense al IV Centenario del Descubrimiento, regresó hacia 1899 como corresponsal de prensa y volvió más tarde con un cargo diplomático de Nicaragua. En uno de aquellos años conoció a Francisca Sánchez, su última compañera.
La plaza nació con otro nombre. Era la Glorieta del Cisne, bautizada por una fuente cercana en la que un cisne de plomo aparecía atacado por una serpiente. En octubre de 1922, seis años después de la muerte del poeta, el Ayuntamiento le dedicó el cruce en una ceremonia unida al Día de la Raza, con escolares y delegaciones americanas. La coincidencia del antiguo cisne con el animal preferido de Darío no pasó inadvertida: Ramón Gómez de la Serna celebró que las glorietas fueran para los poetas.
Desde 1967 vigila el lugar un busto del nicaragüense, obra del escultor José Planes, rodeado por los palacetes achaflanados del Ensanche de Castro.