Calle de la Magdalena

Barrio de Embajadores

El nombre procede del convento de monjas agustinas fundado en el siglo XVI sobre una ermita anterior dedicada a Santa María Magdalena, ubicado en el extremo oriental de la vía junto a la calle de Atocha. La ermita fue el primer referente; el convento, erigido en 1579 por el mercader Baltasar Gómez de Mesa a instancias del beato Alonso de Orozco, consolidó el topónimo. Demolido el conjunto en 1836, el nombre de la santa sobrevivió en la calle.

La calle arranca hoy en la plaza de Tirso de Molina y termina al embocar con la calle de Atocha, tras un recorrido de unos 400 metros en dirección este. En origen era un camino entre atochares y olivares que unía el núcleo urbano con la ermita de la Magdalena, modesta construcción de la que no quedan restos documentales precisos. Luis Manrique de Lara, limosnero mayor de Felipe II, compró los terrenos hacia 1560 con intención de fundar un convento de religiosas. La comunidad —⁠mujeres que vivían en recogimiento pero sin votos formales⁠— profesó como agustinas en 1569 gracias a la intervención del prior del convento de San Felipe el Real, el beato Alonso de Orozco. Diez años después, el mercader Baltasar Gómez de Mesa y su esposa Catalina de Herrera, joyelero de la Corona, financiaron la construcción de la iglesia y del convento propiamente dicho, obra que el arquitecto renacentista Rodrigo Gil de Hontañón trazó y que, al extenderse hasta el camino de la ermita, adoptó su nombre. La fachada principal recaía a la calle de Atocha, en el número que correspondería hoy al 30; la huerta trasera abría a la calle de la Magdalena. La desamortización de Mendizábal forzó la supresión del convento en 1836: las religiosas se trasladaron al de la Concepción Jerónima y el edificio fue demolido. La calle perdió su arranque original cuando la demolición del convento de la Merced —⁠que ocupaba el solar durante trescientos años⁠— permitió abrir la plaza del Progreso, después rebautizada plaza de Tirso de Molina. Antes de esa reforma, la vía comenzaba en la calle del Duque de Alba. En el número 10, el arquitecto Pedro de Ribera levantó hacia 1731 el palacio de los marqueses de Perales, con portada churrigueresca de cuarterones que hoy alberga la Filmoteca Española. El edificio fue escenario del episodio más violento que recuerda la calle: el 1 de diciembre de 1808, con el ejército francés acercándose por Somosierra, el pueblo de Madrid descubrió que los cartuchos distribuidos para la defensa de la ciudad contenían arena en lugar de pólvora. La responsabilidad recayó en José Fernández de Pinedo, tercer marqués de Perales, regidor perpetuo de la Villa y Corte y director de una fábrica de cartuchos cercana. Una multitud formada por majos del Avapiés y chisperos de las herrerías de Santa Bárbara asaltó el palacio, apuñaló al aristócrata con cuarenta y dos años de edad y arrastró su cadáver por las calles. El episodio es histórico, aunque la identidad de la figura conocida como «Pepa la Naranjera» —⁠señalada como instigadora en varias versiones⁠— no está documentada con igual firmeza. Miguel de Cervantes vivió en esta calle, en el número 21 según las fuentes que siguen a Répide, tras regresar de Valladolid con su familia en la primera década del siglo XVII. La atribución figura en varios estudios sobre los domicilios cervantinos en Madrid, aunque la documentación primaria es escasa. También murió aquí el escritor romántico Patricio de la Escosura (1878) y el alcalde Alberto Aguilera (25 de diciembre de 1913), a quien el Ayuntamiento de Madrid colocó una lápida en el número 6. El número 40 acogió entre 1843 y 1888 el Teatro Variedades, construido sobre un antiguo frontón de pelota. Bajo el nombre inicial de Teatro Supernumerario de la Comedia, el local se convirtió en laboratorio del teatro lírico popular: en 1849 estrenó con cien noches consecutivas de éxito la zarzuela El duende, con música de Rafael Hernando y libreto de Luis de Olona, y fue después uno de los primeros escenarios del llamado «teatro por horas», antecedente directo del género chico. Actuaron allí Carolina Civili, Julián Romea, Teodora Lamadrid y Emilio Mario, entre otros. Un incendio en la noche del 28 de enero de 1888 destruyó el edificio, que no se reconstruyó.
El 1 de diciembre de 1808, con Madrid rodeada por las tropas de Napoleón, una multitud de vecinos del Avapiés asaltó el palacio del marqués de Perales en el número 10 de esta calle. El detonante fue el descubrimiento de que los cartuchos distribuidos para la defensa de la ciudad contenían arena en lugar de pólvora. José Fernández de Pinedo, tercer marqués y regidor de la Villa, fue apuñalado y su cadáver arrastrado por las calles. El suceso está documentado por varios cronistas del Madrid napoleónico, aunque algunos detalles —⁠en particular la figura de «Pepa la Naranjera» como instigadora⁠— pertenecen más a la crónica popular que al archivo.

Sus nombres

  • Camino de la Magdalena / Calle de la MagdalenaSiglo XVI (documentado desde la fundación del convento, c. 1579)
  • Calle de la Magdalena (tramo reducido tras apertura de la plaza)Primer tercio del siglo XIX (c. 1838-1840)
Religión y devoción Santos origen disputado
Ver fuentes (10)