Calle de Argumosa

Lavapiés·Embajadores

La calle toma el apellido Argumosa, con disputa historiográfica sobre cuál de los dos personajes homenajeados da nombre a la vía: el jurisconsulto Wenceslao de Argumosa y Bourke (1761-1831), según Peñasco, Cambronero y Bravo Morata; o el cirujano Diego Manuel de Argumosa y Obregón (1792-1865), según Pedro de Répide, cuya atribución cobra peso por la proximidad de la calle al antiguo Real Colegio de Cirugía de San Carlos, donde Argumosa fue catedrático durante veinticinco años.

La llaman «el bulevar de Lavapiés», y basta caminarla para entender el apodo: la calle de Argumosa es la más ancha del laberinto, una excepción holgada en un barrio de callejones estrechos. Va de la plaza de Lavapiés a la Ronda de Atocha, y en torno a sus aceras se apretujan hoy una veintena de bares. Detrás del rótulo está Diego Manuel de Argumosa y Obregón (1792-1865), «el Restaurador de la Cirugía Española», catedrático en el vecino Colegio de Cirugía de San Carlos, el mismo edificio que hoy alberga el Museo Reina Sofía. El 13 de enero de 1847 introdujo en España la anestesia por inhalación con un instrumental de lo más casero: una vejiga de vaca cargada con éter y una cánula metálica. El nombre cayó en el lugar idóneo, junto al eje médico que en el siglo XIX reunía hospitales y colegios de cirugía. Su anchura insólita, la que tanto extraña en el Lavapiés de calles angostas, es justo lo que le permite acoger a tanta gente alrededor de una mesa.
El 6 de noviembre de 1835, Argumosa fue requerido judicialmente para examinar las supuestas llagas de Sor Patrocinio, la «monja de las llagas», María Rafaela Quiroga, cuyas heridas en manos, pies, costado y frente se presentaban como estigmas sobrenaturales. Argumosa trató y desinfectó las úlceras; en menos de tres semanas cicatrizaron por completo. El 21 de febrero de 1836, ante diversas autoridades, los médicos certificaron la curación total. La actuación le costó el rechazo de amplios sectores devotos: el propio Argumosa lo resumió en la frase «algunos creyentes no solamente me cerraron las puertas de sus casas, sino también las del cielo». En 1837, Sor Patrocinio confesó que un fraile capuchino llamado padre Alcaraz le había aplicado una reliquia para producir las heridas y le había instruido para mantenerlas.

Sus nombres

  • Sin nombre propio documentadoSiglo XVI - ca. 1869
  • Vía en formación / sin rótulo fijoCa. 1869 - finales siglo XIX
  • Calle de ArgumosaFinales siglo XIX - actualidad
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