Calle del Doctor Piga

Barrio de las Letras · Embajadores

La calle lleva el nombre de Antonio Piga y Pascual (Madrid, 1879 – Madrid, 1952), médico forense, catedrático de Medicina Legal y pionero de la radiología médica en España. Antes de recibir este nombre se llamó Travesía de San Lorenzo, denominación tomada de la iglesia parroquial homónima cuya fachada principal da a la calle del Salitre. El cambio se produjo en el contexto de la dedicación a médicos ilustres de las calles próximas al antiguo Hospital General y al Colegio de San Carlos, hoy sede del Museo Reina Sofía.

La calle corre en sentido norte-sur entre la calle del Salitre y la calle de Argumosa, en el barrio de Embajadores (distrito Centro). Su trazado es corto y estrecho, característico del parcelario popular de Lavapiés. El número 2, en la esquina con Salitre, corresponde a la Iglesia de San Lorenzo, cuya historia está ligada al nombre que la calle llevó durante siglos. La parroquia de San Lorenzo se fundó en 1662 para atender a los vecinos de Lavapiés, que hasta entonces dependían de la parroquia de San Sebastián. El primer edificio se consagró en 1670 y se independizó canónicamente en 1799. Un incendio en 1851 dañó el templo, y en julio de 1936 quedó destruido casi por completo. Se reconstruyó entre 1942 y 1950. La iglesia es conocida en el barrio como «el Templo de las Pulgas», apodo que ya recoge Pedro de Répide en su obra sobre las calles de Madrid y que Peñasco y Cambronero documentan en 1889 describiendo el edificio como «uno de los más miserables y pobres» de la capital. Antonio Piga y Pascual nació en Madrid el 6 de enero de 1879. Se licenció en Medicina en la Facultad de San Carlos con la calificación de sobresaliente y obtuvo el doctorado en 1904 con una tesis sobre medicamentos hipnóticos, evaluada por un tribunal que presidía Santiago Ramón y Cajal. Ejerció como médico titular en Cenicientos entre 1900 y 1905, pasó después al Hospital Provincial de Toledo y en 1915 se instaló definitivamente en Madrid, donde ingresó en el cuerpo de médicos forenses. Su trayectoria abarcó dos especialidades que entonces apenas se tocaban: la medicina legal y la electrorradiología. Fue jefe del Servicio de Radiología y Oncología del Hospital Central de la Cruz Roja, miembro fundador y presidente de la Sociedad Española de Electrología y Radiología Médica (1931), y ganó por oposición la cátedra de Medicina Legal en Cádiz en 1927, antes de obtener la de Madrid en 1942, donde simultáneamente dirigió la Escuela de Medicina Forense. Fue académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina desde el 23 de marzo de 1941, ocupando el sillón 19, con un discurso de ingreso sobre «La ley de la apetencia tóxica». Presidió el Colegio de Médicos de Madrid entre 1932 y 1934, mandato en el que se aprobaron el reglamento de consultas públicas gratuitas y el primer Código de Deontología Médica español. Murió en Madrid el 23 de agosto de 1952. Sus investigaciones abrieron varios frentes: describió el papel del diatomeas en la identificación de muertes por sumersión, estudió la fluorescencia de la materia orgánica para identificar restos humanos, introdujo los términos «cáncer-accidente» y «oncotecnopatías» para las neoplasias de origen profesional, y acuñó el vocablo «higiocracia» para designar un sistema de gobierno fundado en principios científico-sanitarios, recuperando la tradición fisiocrática de Quesnay. Sus obras principales son Medicina legal de urgencia (1928) y Toxicomanía (1934). El entorno urbano en que se inscribe la calle pertenece a la zona de mayor concentración de odónimos médicos del casco histórico de Madrid. La apertura del Hospital General en el siglo XVIII y la presencia del Colegio de San Carlos convirtieron este cuadrante de Embajadores en el núcleo anatómico y clínico de la ciudad. Cuando el Hospital General quedó obsoleto y su edificio pasó a otros usos, el Ayuntamiento fue dedicando a médicos ilustres las travesías que lo rodeaban, en una operación de memoria institucional que cristalizó a lo largo del siglo XX.
El 13 de julio de 1936, pocas horas después del asesinato del político José Calvo Sotelo, Antonio Piga practicó la autopsia del cadáver en el depósito del cementerio de la Almudena junto a los doctores José Águila Collantes y Blas Aznar. El dictamen concluyó que la muerte se debió a «lesiones encefálicas ocasionadas por dos disparos de arma de fuego en la nuca». La autoría de ese informe forense situó a Piga en el centro del debate político e histórico sobre el detonante inmediato de la Guerra Civil.

Sus nombres

  • Travesía de San LorenzoHasta mediados del siglo XX (consta ya en tiempos de Répide, activo como cronista desde 1923)
  • Calle del Doctor PigaMediados del siglo XX (presumiblemente en torno a 1952-1960; la fecha exacta del acuerdo municipal no consta en las fuentes consultadas)
Personas Científicos origen disputado
Ver fuentes (11)