Calle del Barquillo

Barrio de las Letras · Justicia

El topónimo antecede a la calle misma. Documentos del siglo XVI nombran ya el paraje como «las tierras que dicen del Barquillo», cuando esos terrenos pertenecían aún a la jurisdicción de Vicálvaro. La hipótesis más sólida, recogida por Pedro de Répide a partir de Mesonero Romanos y Nicolás Fernández de Moratín, apunta a que la configuración primitiva del terreno — una hondonada alargada de forma cóncava — recordaba la silueta de un barquillo o barco pequeño. Existe además una leyenda, muy citada pero considerada tardía e inverosificable, que atribuye el nombre a un barco de recreo que la marquesa de las Nieves habría tenido en el estanque de su finca, en la parte alta de la calle, donde luego se levantó el convento de las Salesas Reales.

La Calle del Barquillo recorre 650 metros desde Alcalá hasta Fernando VI, en el barrio de Justicia, distrito Centro. Su trazado coincide con el antiguo camino que atravesaba tierras de Vicálvaro antes de que Madrid absorbiera esa zona periférica. En el siglo XVII la calle cobra entidad urbana como acceso natural al Convento de San Hermenegildo, fundado en 1586 por los carmelitas descalzos. La huerta del convento ocupaba buena parte del lado derecho y llegaba hasta lo que hoy es la plaza del Rey; allí, en 1614, Lope de Vega cantó su primera misa como sacerdote. El convento se derribó en 1870 y sobre sus solares se alzó el Teatro Apolo. En el siglo XVIII la calle da el salto de periférica a real. Bárbara de Braganza funda en 1748 el Monasterio de las Salesas Reales al extremo norte de la vía, y la calle pasa a denominarse «Real calle del Barquillo»: el único título de «real» que Répide registra para tres calles de Madrid en esa época, junto a Lavapiés y Almudena. Fernando VI y Bárbara de Braganza reposan en ese monasterio, inseparables también en la muerte. En el mismo siglo, en 1727, Vicente González instala en la calle la sombrerería más reputada de Madrid; la familia Goyeneche y los duques de Frías poseen palacetes y huertas en el lado izquierdo. Mesonero Romanos, en El antiguo Madrid (1861), describe el tramo alto como «aun más solitario y triste», con casas humildes de un piso, aunque ya señala la inmensa huerta de los Frías con 187.200 pies. El siglo XIX transforma el carácter social de la calle. En el tramo bajo conviven el artesanado del hierro — los chisperos, famosos por sus rivalidades con los manolos de Lavapiés, inmortalizados en los sainetes de Ramón de la Cruz — con mansiones nobiliarias. En 1845 abre en la esquina con Almirante la Cárcel Modelo, con capacidad para 500 reclusos. La corrala conocida como Casa de Tócame Roque, en la esquina con Belén, acoge a 72 familias y 70 herreros en sus patios antes de ser demolida en 1849. El Teatro Circo Price ocupa los números 5–7 hasta que un incendio lo destruye en 1888. En 1907 se inaugura el Teatro Infanta Isabel (número 24 o 27 según la fuente), que sigue en activo. El edificio de las Cariátides, proyectado por Palacios y Otamendi en 1918 para la Sociedad de Crédito Industrial, albergó décadas después la sede del Instituto Cervantes; su portada monumental con figuras de piedra le valió el mote popular de «la casa de ¡joder qué puerta!». En la segunda mitad del siglo XX la calle adquiere un nuevo apelativo, «calle del Sonido». En los años 70 y 80 llegan a concentrarse más de veinte tiendas de material musical e instrumentos en sus 650 metros; fue Manuel Lugo quien encargó en 1979 el cartel imitando el diseño oficial de las calles madrileñas. La concentración empezó a deshacerse con la crisis de 2008 y el comercio electrónico; a principios de los años 2020 resistían solo cuatro tiendas del sector.
En 1791, Ramón de la Cruz publicó el sainete «La Petra y la Juana, o El casero prudente, o La casa de Tócame Roque», basado en la corrala que ocupaba la esquina de Barquillo con Belén. El edificio debía su nombre a dos hermanos, Juan y Roque, cuya herencia había quedado redactada con tal ambigüedad que ninguno podía probar su derecho de propiedad. La disputa generó un diálogo reiterado — «tócame a mí» / «no, tócame a mí, Juan» — que se hizo proverbial en el barrio. La corrala albergaba 72 familias y 70 herreros trabajando en sus patios; fue demolida por decreto municipal en 1849. La expresión «casa de tócame roque» entró en el diccionario de la Real Academia Española como sinónimo de lugar bullicioso y desordenado.

Sus nombres

  • Las tierras que dicen del BarquilloSiglo XVI (anterior a la calle)
  • Calle del BarquilloSiglo XVII
  • Real Calle del Barquillo / Calle Real del BarquilloSiglo XVIII (circa 1748 en adelante)
  • Calle del BarquilloSiglo XIX – actualidad
  • Calle del Sonido (apelativo popular)Desde 1979 aprox.
Naturaleza Paisaje origen disputado
Ver fuentes (12)