Un retablito del evangelista San Lucas colocado sobre la puerta de un horno, a espaldas de la posesión de los señores de Miñaya, dio nombre a la calle. Así lo recoge Antonio de Capmany en su Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid (1863): la calle tomaba su nombre «de otro retablito que de este santo evangelista había á espaldas de la misma posesión de los señores de Miñaya, sobre la puerta del Horno». El mecanismo es el mismo que articula el callejero de la zona: una imagen votiva de bulto pequeño o un azulejo devocional en la fachada de un horno o de una propiedad particular basta para fijar el nombre que los vecinos dan a la calle. No hay noticia de ermita, capilla ni oratorio dedicado al santo en esta vía.
La calle discurre en dirección norte-sur en el barrio de Justicia (distrito Centro), entre la calle del Barquillo y la de Santo Tomé, cruzada en perpendicular por la de Luis de Góngora. Tiene algo menos de doscientos metros. En el plano del siglo XIX el extremo norte llegaba a la entonces llamada calle de San Gregorio (rebautizada plazuela de San Gregorio Magno y finalmente plaza de Chueca en 1943), donde estaba la posesión de los señores de Miñaya que menciona Capmany.
El entorno fue durante los siglos XVII y XVIII un tejido de posesiones nobiliarias, conventos y huertas en proceso de urbanización. A pocas varas, el convento de las Mercedarias Descalzas de la Purísima Concepción, conocidas como Las Góngoras, se asentó desde 1663 en el solar que hoy ocupa la calle homónima. La plazuela del Duque de Frías, que en la segunda edición de Capmany figura «desde la calle de Góngora á la de San Lucas», confirma que este extremo de la calle servía de referencia espacial en el callejero del Antiguo Régimen. La Casa-palacio del Marqués de Viluma, construida en 1857 por Jerónimo de la Gándara para Manuel de la Pezuela y Ceballos en el número 4, es el edificio de mayor rango arquitectónico de la calle y ocupa parte del solar de esa antigua manzana; fue reformada en 1885 por Francisco de Cubas con fachadas italianizantes y añadido de planta, y conserva jardín trasero con acceso a la calle de Luis de Góngora.
La calle comparte zona con otras vías que llevan nombres de evangelistas —San Mateo, San Marcos— dentro del mismo barrio, aunque no existe constancia documental de que el Ayuntamiento las nombrase en bloque por ese criterio. Cada una tiene su propia leyenda de origen. San Mateo, por ejemplo, debe el nombre a un oratorio particular de Marcos Fernández, canciller del sello de Pedro I. En 2021 el Ayuntamiento de Madrid la incorporó al primer tramo de remodelación del barrio de Justicia, convirtiéndola en vía de plataforma única con prioridad peatonal.
En la segunda edición del Origen histórico de Capmany figura la «Plazuela del Duque de Frías» como la que va «desde la calle de Góngora á la de San Lucas», lo que indica que este extremo de la calle era un hito reconocible en el callejero del Antiguo Régimen. Los duques de Frías tenían aquí su palacio hasta finales del siglo XVIII; sobre ese solar se levantó en 1857 el palacete del marqués de Viluma.