Plaza de Isabel II

Barrio de Palacio

El espacio tomó el nombre de la reina Isabel II cuando, tras la demolición del Teatro de los Caños del Peral (1817-1818) y la nivelación del barranco del Arenal, se formalizó la nueva plaza. Las fuentes oscilan entre 1835 y 1850 para la adopción oficial del nombre: la primera fecha corresponde al remodelado urbano previo, la segunda a la inauguración del Teatro Real el 19 de noviembre de 1850, día del cumpleaños de la reina, que consolidó el topónimo. Antes se conocía como Plaza de los Caños del Peral, por la fuente pública de caños múltiples y los lavaderos que ocuparon el lugar desde el siglo XVI.

El terreno que ocupa la plaza fue durante siglos un barranco arenoso —⁠el del arroyo del Arenal⁠— con curtidurías y lavaderos en su fondo. La fuente de los Caños del Peral, construida hacia 1565 en la esquina de la calle del Arenal con el espacio que hoy ocupa la plaza, dio su nombre al conjunto: siete caños que surtían de agua pública a los vecinos y a los lavaderos que, según las crónicas, llegaron a contar con 57 pilas. Por debajo de ese terreno discurría también un pequeño acueducto que abastecía al Alcázar Real. En 1708, el actor italiano Francesco Bartolí obtuvo permiso para instalar en los solares de la Huerta de la Reina, junto a los caños, un corral de comedias para su compañía de los Trufaldines. El edificio se reformó y amplió bajo la dirección del arquitecto Virgilio Rabaglio, y el 16 de febrero de 1738 abrió ya como Teatro de los Caños del Peral, con la ópera Demetrio de Hasse. Fue durante décadas el único coliseo de ópera italiana en Madrid. Bajo Carlos IV vivió su etapa de mayor esplendor, con obras de Cimarosa, Paisiello y Vicente Martín y Soler. La dependencia financiera del patronazgo real y las turbulencias de la Guerra de la Independencia terminaron con él: en 1816 el Ayuntamiento decretó su demolición por ruina, que se completó en abril de 1818. En enero de 1814, antes de la demolición, el edificio había cumplido una función política de primer orden: las Cortes trasladadas de Cádiz a Madrid se instalaron en el coliseo, adaptado en tres días por el ingeniero Antonio Prat. La sesión inaugural se celebró el 15 de enero de ese año; el 11 de mayo, víspera del decreto fernandino que abolía la Constitución de 1812, la plebe fernandina destruyó el salón habilitado. Demolido el teatro, Fernando VII promovió la construcción de un gran teatro de ópera como parte del reordenamiento urbano en torno al Palacio Real. El proyecto, encargado al arquitecto Antonio López Aguado con planta hexagonal irregular, se prolongó durante treinta años por falta de fondos y sucesivos cambios de gobierno. Isabel II, ya reina, aceleró las obras con una Real Orden de mayo de 1850 que exigía su terminación en seis meses. El Teatro Real se inauguró el 19 de noviembre de 1850, día del cumpleaños de la reina, con La favorite de Donizetti. En esa misma fecha o muy próxima a ella se instaló frente a la fachada principal del teatro la estatua de bronce de Isabel II, obra del escultor valenciano José Piquer, costeada por el canónigo Manuel López Santaella por 5.000 duros. La plaza recibió entonces definitivamente el nombre de la reina, si bien la denominación aparece ya en algunas fuentes desde 1835, cuando se amplió el espacio tras el derribo. La revolución de septiembre de 1868, que envió a Isabel II al exilio en París, rebautizó brevemente la plaza como Plaza del General Prim, en honor al militar que encabezó el pronunciamiento. Con la Restauración el nombre de Isabel II se recuperó. La Segunda República volvió a cambiarlo en junio de 1931, esta vez a Plaza del Capitán Fermín Galán, el oficial ejecutado en Jaca en diciembre de 1930 por haberse sublevado contra la monarquía de Alfonso XIII. El 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la República, la estatua de la reina fue arrastrada del pedestal por la multitud y fragmentada. En 1941 el régimen de Franco restituyó el nombre de Isabel II. En 1944 se fundió una réplica en bronce de la estatua original, tomando como modelo el ejemplar en mármol que el propio Piquer había ejecutado para la Biblioteca Nacional; esa réplica es la que preside hoy la plaza. En las obras del metro de Ópera, en 1991, aparecieron bajo el andén los restos de la fuente de los Caños del Peral en buen estado de conservación: veinticinco metros de estructura de mampostería. Desde 2011 pueden verse como museo integrado en la propia estación. La reforma de la plaza de ese mismo año sustituyó los jardines históricos por una explanada de granito y plantó perales como referencia al topónimo original.
La mañana siguiente a la inauguración de la estatua de Isabel II, en otoño de 1850, apareció pegada al pedestal una copla que circuló por toda la ciudad: «Santaella de Isabel / costeó la estatua bella / y del vulgo el eco fiel / dice que no es santo él / ni tampoco santa ella». El epigrama atacaba al canónigo Santaella, que había pagado los 5.000 duros de la fundición, y de paso ponía en duda la virtud de la propia reina, cuya vida amorosa era vox populi en Madrid.

Sus nombres

  • Barranco del Arenal / Caños del Peralsiglos XIV-XVIII
  • Plaza de los Caños del Peralsiglo XVIII - 1818
  • Plaza de Isabel II1835 (o 1850) - 1868
  • Plaza del General Prim1868 - c. 1875
  • Plaza de Isabel IIc. 1875 - 1931
  • Plaza del Capitán Fermín Galánjunio 1931 - 1939/1941
  • Plaza de Isabel II1939/1941 - actualidad
Personas Nobleza y realeza origen disputado
Ver fuentes (10)