Calle de San Eugenio

Lavapiés·Embajadores

El nombre viene de un oratorio dedicado a San Eugenio que el cardenal Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, mantenía en su quinta próxima a la carrera de Atocha. Cuando los terrenos pasaron al Hospital General fundado con la herencia del propio Quiroga (obras iniciadas en 1596), el venerable Bernardino de Obregón pidió que la calle conservara el nombre del santo. El referente es San Eugenio de Toledo, figura cuya identidad histórica está desdoblada entre el arzobispo visigodo que murió en 657 y un personaje legendario del siglo I —⁠primer obispo mártir de Toledo, discípulo de San Dionisio⁠— creado por un monje de Deuil en el siglo IX para explicar por qué los restos del obispo visigodo reposaban en Saint-Denis. Felipe II repatrió esas reliquias a la catedral de Toledo el 18 de noviembre de 1565, episodio que refrescó el culto en la Villa y acaso consolidó el rótulo de la calle.

En pleno barrio de Embajadores, esta calle baja entre Atocha y Santa Isabel con el mismo trazado del Madrid del siglo XVI. Antes de ser calle era campo de extramuros: la quinta del cardenal Quiroga, sobre la que después creció el Hospital General. El santo del nombre esconde a dos personajes confundidos en uno. Durante siglos la devoción se dirigió a un San Eugenio mártir del siglo I, primer obispo de Toledo, decapitado en las Galias; hoy se sabe que nunca existió, que un monje del siglo IX inventó su biografía para dar respaldo a unos huesos que ya descansaban en Saint-Denis. El Eugenio real es otro, el arzobispo visigodo muerto en 657, poeta y teólogo. Felipe II llevó las reliquias del legendario a Toledo en 1565, y de esa mezcla salió el nombre de la calle. Aquí se libra una de las disputas más jugosas de la historia literaria de Madrid. La leyenda cuenta que hacia 1609 la imprenta de Juan de la Cuesta se mudó al número 7, esquina con Santa Isabel, y que de sus prensas salió la segunda parte del Quijote en 1615. Una placa de mármol lo fija en piedra desde 1905. Los cervantistas más recientes lo desmienten: toda la documentación coloca la imprenta en Atocha. La placa sigue clavada. El debate, sin cerrar.
En 1905 el Ayuntamiento de Madrid colocó en el número 7 una placa de mármol esculpida por Lorenzo Coullaut Valera para conmemorar el tercer centenario del Quijote. La placa afirma que allí estuvo la imprenta donde se hizo en 1615 la edición príncipe de la segunda parte. Décadas después, los cervantistas documentaron que la imprenta de Juan de la Cuesta nunca abandonó la calle de Atocha y que el traslado a San Eugenio es una mala interpretación de un libro de aposentos de 1658. La placa sigue en su sitio.

Sus nombres

  • Calle de San Eugeniosiglo XVI - actualidad
Religión y devoción Santos origen disputado
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